Mi descubrimiento musical de febrero llega de la mano de Andrés
Rodríguez Domingo, quien me lo dio a conocer y debo decir que nunca un
descubrimiento de los que posteo en el blog me ha gustado tanto como SIGMUND
WILDER.
Detrás de este proyecto musical, nacido en 2017 está el
músico David Martínez que ha publicado en pleno año pandémico su tercer álbum
titulado DESORDEN.
Nada más comenzar su escucha, me traslado a otro lugar y a
otra época. Me dejo llevar y me encuentro en El Cairo, o en La Estación del
Silencio, de Zaragoza. Corre 1989 y yo tengo un pelazo cardado y visto botas de
militar con pantalón acampanado y chaleco sin camisa. Todo se transforma y los
sonidos me llevan allí porque son tan característicos de una época de mi vida
que me transportan a la vez que me electrizan.
Sigmund Wilder ha publicado un disco rotundo. DESORDEN:
8 temas grabados en los estudios Blind Records de Barcelona bajo la producción
de Santos Berrocal y Fluren Ferrer llenos de atmósferas solapadas, melodías en
tono menor cargadas de contrapunto con bemol y baterías a medio camino entre
las programadas y las rotundamente analógicas. 8 temas largos, en torno a cinco
minutos cada uno, como era norma en los discos de la época postsiniestra de
finales de los ochenta (si se hubiese publicado en aquel momento sería un LP
con 4 canciones en cada cara, como fue el perfecto Pornography), fusionados con
una voz muy estimulante, que recuerda por momentos a Peter Murphy con sus dotes
de barítono popizado pero también a Robert Smith cuando susurra por ejemplo en
Lullaby. Para mí es un acierto haber cambiado en este disco y cantar en
castellano. Ojalá sigan por esa senda, me parece que les dota de mucha mayor
singularidad.
Para la ocasión, he llevado a cabo el intento de escuchar
varias veces el disco entero sin leer nada del grupo, ni de sus influencias, ni
su historia, ni con quien han tocado ni nada que pudiese contaminar mis
sensaciones personales. Y creo que ha sido un acierto. Sin duda, encuentro muchas
referencias: la programación ordenada de algunas baterías con cierto Clash como
sonaban en las monorítmicas canciones de Pornography, las melodías de la
guitarra en tono menor de algunas canciones de Disintegration, de The Cure, los
sonidos atmosféricos envolventes pero electrónicos de bandas más avanzadas como
Mogwai o God is an Astronaut, algunas reminiscencias de grupos nítidamente
finalochenteros, como El pecho de Andy, la luminosidad del pop en todo su
esplendor de Everyday is like Sunday, por ejemplo y por supuesto la fusión de
todo ello en un tupido neopreno final que funde y sintetiza algo propio suyo y
de nadie más, del modo en que lo consiguen grupos como Editors o Exxasens.
Un sonido característico y único a la vez, que rememora una
época muy importante de mi vida (y muy underground seguramente para el resto de
público) pero muy singular que ayuda a identificar cualquier canción de SIGMUND
WILDER desde que comienzan sus acordes.
Para mí hay 3 singles claros (si se pudieran editar y lanzar
singles, claro está): El primero y absoluto es El fantasma de Syd Barret
– Una canción simplemente perfecta. El segundo sería Ángeles que
me parece más colorista y para terminar la promoción lanzaría una barbaridad
literario-musical: Exilio mental. (Ya sé que para los que
hayáis escuchado el disco 14 segundos será EL TEMA del disco, pero a mí me
parece menos singular, aunque por supuesto un temazo también)
SIGMUND WILDER no es simplemente un descubrimiento
musical, es mucho más, una propuesta que me va a acompañar desde ya hacia el
futuro, algo de lo que se nutre esta sección del blog, de descubrir músicos y
propuestas musicales de futuro y SIGMUND WILDER lo tiene y muy prometedor.



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