Mi primera lectura de Claudia Piñeiro me ha llevado a su
novela más personal: Un comunista en calzoncillos. Un título curioso que
despertó en mí la curiosidad de inmediato y que me transportó al verano de 1976
y al mundo infantil de una niña que observa cómo su mundo alrededor evoluciona en
direcciones opuestas y se encuentra atrapada entre dos grandes fuerzas: Por un
lado la de su padre, su gran referente, un comunista convencido de los de estirpe
y principios y por otro lado todo su entorno, su colegio, las monjas, sus
amigas, incluso su abuela, que se alinean con los acontecimientos acaecidos con
el golpe militar.
Es una narración muy interesante porque Claudia la plantea
desde un punto de vista naif, el de esta niña que en ciertos momentos argumenta
sin maldad, sin doblez, con lo inmediato del sentido común que abunda en muchos
niños a esa edad.
Un comunista en calzoncillos transita también por las
desapariciones del régimen de Videla, y narra con lineal sutileza cómo se
llevaban a cabo las capturas y desapariciones sin motivo.
Pero sobre todo esta novela nos habla de lo parcial que es
la memoria, porque justamente de cómo recuerda aquella época su protagonista es
de lo que incluso la propia autora se repregunta y se cuestiona. ¿Es realmente
nuestro pasado como nosotros lo recordamos? ¿O tenemos una visión parcial y
deformada por múltiples motivos, de lo que en realidad sucedió?
No es en absoluto una cuestión superficial. Todo lo
contrario. Primero porque la historia la escriben siempre los vencedores y
segundo porque nuestro subconsciente filtra de manera natural aquello que le causó
mayor impacto, para bien o para mal en cada momento, obviando lo superfluo (eso
que ahora es tan importante en la moderna edad de las redes sociales) y
abandonando lo efímero.
Una lectura fluida y con poso. Interesante. Para repetir.

