
Llevaba ya un tiempo largo detrás de este escritor aragonés, por eso de que la tierra, cuanto más mayor te haces, más te tira: Luis Zueco. Ya me lo habían recomendado un par de personas de confianza y finalmente he llegado a él de la mano de su novela El cirujano de almas, en un momento personal mío complicado. Creo que la novela tiene un comienzo muy interesante. A mí me ha ofrecido dosis por igual de sosiego y entretenimiento y me ha ayudado mucho a evadirme de los problemas y sumergirme en el siglo XIX español, una época que quizá no se estudia lo suficiente, la de la ocupación francesa y todo lo que sucedió en torno a los primeros años del siglo.
La ambientación histórica es perfecta, con la dosis adecuada de información y curiosidad, pero como vestido de la historia que Luis narra. Bruno Urdaneta, su protagonista, es un joven lleno de potencialidades, de carácter, un chico espabilao, como diríamos en Aragón que sabe, a lo largo de toda la trama, buscar el camino que le permita avanzar en su vida y en su desarrollo profesional, a pesar de los sinsabores, de las circunstancias adversas y de lo peor del ser humano. Un tipo que sobrepasa sus orígenes y su familia por la consecución de un bien superior, conocer cómo vencer al dolor durante la enfermedad.
Luis traza su vida con un claro eje, el de su desarrollo como cirujano en esa época primigenia en la que, por ejemplo, ni siquiera los cirujanos que operaban se lavaban las manos antes de una intervención… Toda la narración nos hace entender que las cosas, hace más de doscientos años eran muy diferentes, y que aunque las ambiciones y sentimientos pudieran parecer similares a los actuales, el condicionamiento del poco desarrollo científico potenciaba la necesidad imperiosa de aprender e investigar en personas como Bruno.
La novela nos ofrece también una buena dosis de intriga y aventuras que pone en marcha en nosotros, como lectores, nuestra capacidad detectivesca. Queremos saber los porqués que se plantean a lo largo del libro y todo ello con el trasfondo de la ocupación francesa, que tanto rechazo causó (e intuyo que sigue causando ahora) y de la creación de la primera constitución española.
Me ha gustado mucho su lectura. Quiero recomendarla como una novela histórica fantásticamente narrada y ambientada.
Y tengo que terminar mi crónica de lectura con un tirón de orejas a la editorial, Pengüin Random House (Pengüinhistórica) (y al editor que haya hecho la corrección), porque he encontrado múltiples errores, tildes que faltan, otras muchas que sobran (sobre todo los tiempos verbales futuro y subjuntivo que muchas veces se confunden), letras que faltan y pequeños errores que revelan una magra revisión por parte de quien haya sido el responsable y que nada tiene que ver, obviamente, con su autor. Lo dejo escrito por si sirve para futuras ediciones, aunque estoy casi seguro de que si ha habido otra (la que tengo yo es la primera de septiembre de 2021) ya se habrán corregido.
