ABSTENERSE NO ES VOTAR

Quiero pasar por encima de todos los titulares maximalistas, las declaraciones grandilocuentes, los trazos gruesos de los periodistas, las salidas de tono y contexto de los tertulianos acerca de los resultados de las votaciones del pasado 28J y centrarme en lo más grave, al menos a mi entender: la abstención.

36 % de abstención en las municipales

24-29,5 % de abstención en las autonómicas

Millones de personas desconectados de la política y sin ningún interés (ni quizá esperanza) en lo que los políticos actuales van a hacer por ellos. El hecho de no acudir a votar puede obedecer a muchas razones: pereza, incredulidad en el sistema, desesperanza por no existir un partido en el que creer, hartazgo por las mentiras de la política y la corrupción, indiferencia, la siesta, el partido de fútbol, la cervecita con los amigos…

Para mí es muy difícil entender ese deseo de no votar, de no participar. 12822000 votantes que no han emitido su voto son muchos votantes en mi opinión y deberían justificar una reflexión entre la clase política.

Y ahora, una vez ya pasadas las elecciones, están todos los analistas políticos, los tertulianos, los cabezas de partido y asesores trabajando y argumentando ya para las próximas, las del 23J. Y hacen toda una serie de análisis, sobre si las personas votan valorando la gestión realizada (cosa evidente que no), si por la simpatía por el candidato, si por lo que incide el trazo grueso en la opinión pública, si simplemente porque me sale de la punta del nabo y voto al que quiero, o si cojo el primero que pillo en la cabina del colegio electoral… Afortunada o desafortunadamente así es nuestro sistema electoral. Un voto sustentado en cualquiera de esos argumentos tiene el mismo valor.

Entonces, ¿qué tendría que suceder? ¿qué tendrían que hacer u ofrecer los políticos para que esos casi trece millones de personas acudan a votar? Esta semana he oído que estamos ya en un momento en el que “ya no queremos hechos, queremos palabras”: o sea, queremos que las propuestas políticas nos seduzcan, nos interpelen a los sentimientos, a las tripas. Nos da igual que el paro esté en mínimos, o que la inflación haya descendido drásticamente, que nos hayan subido el salario mínimo o que los contratos indefinidos sean más altos que nunca. También nos la pela que el político al que siempre votemos se lo haya llevado crudo, si no es juzgado y se vuelve a presentar, o que el líder que hayamos votado en las anteriores, haya hecho todo lo contrario de lo que prometió. Psa… qué más da, si todos son iguales, pensamos a veces.

Es tremendo pero mucho me temo que así somos. Inconformistas de barra de bar pero con cero compromiso por lo que de verdad importa.

Yo muchas veces me pregunto cosas como: ¿un rider de Globo u otra empresa similar a quien han regularizado su contrato finalmente habrá votado al PP que se opuso? ¿una Kelly a quien le han subido el salario mínimo 4 veces habrá dejado de votar al PSOE porque en algunas leyes ha tenido el voto positivo de BILDU? ¿Habrá quien simplemente por oír nombrar la palabra BILDU ya no vote al PSOE aunque no tenga ni idea de lo que se ha votado? ¿Todos los izquierdistas que lanzan llamas contra VOX y la ultraderecha y blablbla, realmente creen que hay un millón y medio de votantes en España que son diablos del averno? ¿o son simplemente gente normal que trabaja, paga sus impuestos y, como sucede con todos los partidos, les vota aunque no comulguen con su 100% de programa?

Ni todo es tanto ni todo es tan calvo. Ni PODEMOS ha traído el apocalipsis caníbal de la destrucción de la patria al estar en el gobierno ni VOX seguramente quemará en hogueras a los inmigrantes. O sea, basta ya de maximalismos. Las personas queremos una vida normal, tranquila, pagar los menos impuestos posible, que nos den cita con el especialista lo antes posible, que nuestros hijos tengan oportunidades, que se atiendan nuestros problemas donde vivimos. Si yo vivo en Murcia, ¿a mí qué más me dan los resultados de BILDU o de las Mareas? NO me afecta en nada. Y si soy un ciudadano de Zamora, estoy harto de hablar de Catalunya y su independencia que ni me va ni me viene.

Me temo que las posibilidades de recuperar los casi trece millones de votantes para que lo hagan el 23J son mínimas, porque, una vez más… los políticos recurren a la misma dialéctica elección tras elección, y los votantes ignoran los datos de gestión real del día a día y se quedan (nos quedamos) con el gesto, con el exabrupto, con el titular…

Postureo político, circo mediático dialéctico y a correr.

Así nos va… y así nos irá… porque es lo que votamos. Y porque es lo que votaremos. ¿Apostamos algo a que la abstención aún será mayor en las próximas elecciones, en pleno mes de vacaciones? Yo lo apuesto todo a que así será.

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