
Llevo semanas escuchando siempre los mismos argumentos, una y otra vez. Vueltas y vueltas a las mismas ideas, contadas por distintas personas, del derecho, del revés, desde un lado o desde otro. Los medios de comunicación se hacen más lineales que nunca, más simplistas en su trazo grueso, en destacar un titular vacuo y vacío de contenido sobre lo que va a pasar en las próximas elecciones del 23J.
Y ¿qué es lo que va a pasar? Pues lo que tenga que pasar. Nadie lo sabe. Ninguno de los agoreros de uno y otro extremo de las radios y prensa escrita es capaz de imaginar lo que al elector medio le mueve para, en su caso, ir a votar ese día, y por supuesto para decidir el destino de su voto.
Creo que los argumentos tan manidos que no hago más que escuchar ya están descontados. No generan ni miedo ni irritación. Simplemente indiferencia, hartazgo. Ni el acuerdo de gobierno al que tendrá que llegar el PP y VOX implica que vamos a retroceder de manera convulsa en todos los derechos adquiridos ni el del PSOE con SUMAR supondrá la ruptura de España (no, no habrá referéndum en Cataluña) ni ningún trato de favor a lo que muchos llaman ex – etarras, cuando no directamente a los de ETA.
De verdad, basta ya de simplismo. Los titulares no hacen más que hablar del colectivo LGTBI, de la violencia machista, indicando siempre y con una seguridad del 100% que ambos van a ser dañados por VOX si llega al gobierno. Parece que no hay ningún otro tema del que hablar cuando se comenta sobre política en los medios de comunicación.
No creo que vaya a ser así (salvo que VOX consiguiera una mayoría absoluta, escenario por ahora inimaginable) ya que el PP no va a cometer semejante burrada. Hasta ahora, todas las leyes progresistas a las que el PP se ha opuesto cuando ha habido que votarlas han permanecido activas cuando ha llegado al gobierno. Y esta será una ocasión más. Y por el otro extremo tampoco. Tampoco se va a separar Cataluña ni va a haber un referéndum no. Que no, que no, que eso no va a ocurrir.
A ver si nos volvemos adultos ya: Vox y Bildu son dos partidos constitucionales, legales, que cumplen con los requisitos que nosotros mismos hemos impuesto para que lo sean y por lo tanto tienen tanta validez como cualquier otro. Voy aún más lejos. No estamos obligados a admitir esa obviedad, sino una que tiene mucha mayor implicación: que estos partidos tienen cientos de miles de votantes que los apoyan y por lo tanto, no podemos hacer como que toda esa población, que tiene exactamente los mismos deberes y obligaciones que quienes votamos otras opciones, no exista, o sea menos válida o tenga menos razón que nosotros. No. Eso no es democracia. La Falange, la dictadura, ETA y otros grupos terroristas sí estaban fuera del sistema y sí eran criticables, execrables y había que luchar contra ellos. Pero a día de hoy no existen. Todos aquellos que pasaron por allí se han reconvertido en otras personas que han pasado por el aro constitucional y por lo tanto la crítica burda y simple de decir que siguen siendo lo que fueron no sirve.
Es hora de hablar de lo que realmente nos debe importar porque es lo que nos afecta: La política económica, la relación con la Unión Europea, el futuro de las energías renovables, el precio de la bolsa de la compra, la igualdad de derechos en matera de educación, de sanidad, de asistencia a la dependencia, al acceso en igualdad de oportunidades a un crédito, a un puesto de trabajo o a una baja por enfermedad. La política real, como dice alguna política con mucha certitud. No la política del titular vacío y de la grandilocuencia para despertar el miedo, o el espíritu revulsivo que ya no funciona. NO funciona, señores políticos (y sí, no digo señores y señoras, porque el plural castellano masculino ya incluye a las féminas).
Tengo claro que voy a ir a votar. Tengo claro ya a quién voy a votar. Tengo claro por qué lo voy a hacer. Tengo claro que la opción elegida no me representa al 100% y que hay ciertos aspectos de su propuesta que no comparto. Tengo claro que me voy a alejar del ruido periodístico, de la tertulia pesada, de la crítica absurda y de la argumentación interminable, vacía de contenido. Tengo claro que salga el gobierno que salga será válido y habrá que vivir con él los próximos cuatro años, sin amedrentar a nadie, sin exagerar. Vivimos en la Unión Europea. Un alto porcentaje de leyes nos vienen impuestas desde allí. Y sobre todo vivimos en una economía globalizada donde nada es sencillo o está aislado al 100% del resto. Todo está interconectado. Todo influye. Todo es relativo. Por eso tengo claro que voy a militar en el relativismo político.
