Catorce de julio, cerca del ocaso. Todavía luce el sol aunque poco a poco va diciendo adiós acercándose a la línea de montaña y en el extremo opuesto el escenario principal del FIB se llena de luz y color con La casa Azul y un Guille Milkyway pletórico, desinhibido y disfrutón.
Izan aguanta su bebida y yo mi cerveza mientras escuchamos los primeros acordes de un hit indiscutible: No hay futuro!, un título demoledor para quien está en la adolescencia actual que se diluye para los que hemos pasado de los cincuenta.
El comienzo del concierto es brutal, bits acelerados crecientes de intensidad, luces parpadeantes, confetis y serpentinas lanzadas al público y melodía pop englobando la totalidad que rompen con el estribillo bailable y resultón.
El público, miles de fibbers entre los que nos incluimos Izan y yo, brincamos como locos al ritmo de la canción, tarareamos, cantamos y lo hacemos mientras el sol se despide y nos engulle poco a poco la noche que transforma el escenario principal del FIB, al fin, en un concierto al uso.
Guille, con pantalón plateado y gafas de realidad virtual se merienda (con galletas, porque también tocaron su primer éxito de juventud) el escenario. Va desgranando y bailando las canciones de sus últimos discos: Prometo no olvidar, La gran esfera, La polinesia meridional y La revolución sexual y alterna el teclado-guitarra con los golpes exacerbados en el platillo de una de las dos baterías y la guitarra eléctrica.

Guille baila sensual, enloquece mirando al cielo y al público mientras las melodías pop que su brillante creatividad ha generado se fusionan con arreglos más tecnos y se aliñan con los dos ordenadores de las dos torres laterales y el beat sound point, plagado de baterías electrónicas e instrumentos para generar sonidos y ritmos.
Guillé habló con el público, recordó a Juan de Pablos, mandó a la puta mierda a todos aquellos que no habían creído en ellos cuando comenzaron allá por 1997, dio las gracias a Aurelio, que salió al escenario y fue vitoreado y sobre todo habló y ensalzó el amor, nos preguntó a todas y a todos cómo estábamos y nos vio felices, algo que celebró con sus bailes circulares y en algunos momentos deslavazados. Habló de su calvicie, de canciones optimistas y sobre todo de lo a gusto que se encontraba en Benicàssim.
Hora y media de concierto cien por cien de pop electrónico, bailable, fresco, colorista, optimista e inolvidable para nosotros, para Izan y para mí. Descubrimos a un Guille que canta muy bien en directo, que se enrolla, que empatiza y que disfruta actuando y eso transmite y osmotiza hacia el público.

Para terminar el mega hit: La revolución sexual, plagada de cantos, vítores, coros y guirnaldas en un final apoteósico digno de un gran artista.
La casa azul, al año que viene tiene que repetir sí o sí. Se ha convertido para mí en un imprescindible.


One reply to “La Casa Azul en el FIB-2023”