El Círculo de Lectores

dav_vivi

Realizando mi caminata matutina, que es cuando reflexiono sobre lo que voy a escribir en el post del blog, estaba indeciso entre Cataluña o El círculo de lectores, y me he decidido por este último.

Muchos jóvenes desconocerán lo que fue ya que cerró sus puertas en 2019, esta empresa creada por el grupo Planeta en 1962 y que tanta cultura ha llevado a las casas de la España interior.

Ahora todo es fácil, inmediato, efímero. Queremos un libro, entramos en una web de compras de una librería o… peor… en una afamada empresa de envíos internacionales, y el libro que queramos en la versión que queramos y como nos dé la gana la tenemos comprada en 5 minutos. Nos llega a casa sin mayor problema en unas horas o días.

Pero hubo un tiempo en que las cosas no fueron así de fáciles. Hubo un tiempo, y me refiero a los años ochenta que es la década en la que yo fui usuario adolescente, en que según donde uno viviese el tener alcance a cierta cultura no era nada sencillo, por no decir imposible.

Podemos situarnos en un pueblo del interior de Aragón, en este caso el mío, Belchite, en 1982 o 1983 pongamos por caso. El pueblo no tenía ninguna librería ni tienda donde se pudieran comprar libros. Los coches no eran tan habituales en aquella época y los viajes a la capital mucho menos, cuando se circunscribían a visitas al dentista, médico u hospital básicamente, si dejamos aparte las escasas escapadas que hacíamos a las fiestas del Pilar. Por supuesto nuestro pueblo tenía (y tiene) una magnífica biblioteca, en cuyas salas yo pasaba las tardes leyendo y socializando con mis compañeros y amigas a quienes les gustaba la lectura y los libros. Momentos de gran felicidad que recuerdo siempre, pero si querías comprar y poseer, la cosa se ponía difícil.

Hasta que apareció El Círculo de Lectores en mi vida. Y es que era la solución a todo. Tú te suscribías a él y cada mes te llegaba una carta con la revista mensual en la que podías encontrar las novedades editoriales, ediciones especiales, colecciones por temática, el libro sorpresa si así lo deseabas, discos, cassettes (que era como se escuchaba la música en aquel momento) y algunos objetos de merchandising que también eran muy apetecibles (aunque entonces no se llamaba merchandising, pero bueno…)

Para mí fue una puerta que se abrió al infinito. Empecé a recibir los libros que iba eligiendo y recuerdo el momento de recibir la revista como uno de los más emocionantes del mes. A veces hasta me reservaba una tarde entera para mirarla con tranquilidad, sopesar qué libro me apetecía más leer, cuáles eran las novedades o qué colección habían sacado de nuevo.

De esa época conseguí muchos libros que todavía forman parte de mi biblioteca. Recuerdo algunos títulos que me marcaron como El señor de los anillos, La noche es virgen (de Jaime Baily), No sin mi hija, Rebeca, Los misterios de Pittsburgh, toda la serie de Agatha Christie de bolsillo pero con tapa dura que conservo como un tesoro, muchas de Isaac Asimov, de quien era seguidor incondicional por aquella época y de J.J. Benítez o las series de Christian Jacq y tantos y tantos libros.

Siempre con ediciones cuidadas, con calidad. La prueba es que siguen en mi estantería casi cuarenta años después.

El Círculo de Lectores pasó por momentos, obviamente, como toda industria o empresa, tuvo críticas por su pesadez con la insistencia en la venta, algunas exageradas en mi opinión y cuando llegó la era digital que arrasó con todo lo físico en la cultura, también se lo llevó por delante.

Yo conservo un gran recuerdo de mi suscripción a él, muchos libros comprados a su través, muchos descubrimientos literarios y como he dicho al principio considero que jugó un papel fundamental en la culturización de muchos pueblos.

Yo por suerte puedo seguir recordándolo a través de sus libros, que de vez en cuando releo y recomiendo.

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