LEHMAN BROTHERS

El 15 de septiembre de 2008 el banco estadounidense Lehman Brothers se declaró en quiebra con un pasivo de 430000 millones de $. Ello produjo un efecto dominó, derivando en la mayor crisis económica mundial de la historia reciente que afectó a todo el mundo.

Sin embargo y pese a lo que se suele argumentar de que ello supuso el estallido de una burbuja que se había alimentado por el libertinaje y caos del sistema financiero, fue justamente por todo lo contrario. El sistema de las hipotecas subprime había sido generado por una excesiva regulación e intervención del estado que obligaba a los bancos a dedicar un porcentaje (que con Bush llegó a ser del 50%) de las hipotecas a sectores y comunidades estadounidenses que no podían acceder a ellos. Hipotecas que jamás iban a poder ser devueltas, como era más que obvio desde su inicio. El por qué esos «paquetes» de hipotecas agrupados eran vendidos como productos financieros nos llevaría a una larga discusión sobre la virtualidad actual de las cosas.

Mi segunda novela: Gracias por mirarme a los ojos cuando me hablas, transcurre con este escenario de fondo y es así como lo reflejé en el comienzo del capítulo 8.

CAPÍTULO 8

15 de septiembre de 2008

El 15 de septiembre de 2008 el banco de inversiones Lehman Brothers se declaró en quiebra, tras fracasar sus conversaciones con la Reserva Federal estadounidense para salvarlo. El índice Dow Jones cayó a 504,48 puntos, en su peor caída desde septiembre de 2001 en medio de los ataques a las torres gemelas. Al mismo tiempo, Zaragoza había clausurado la EXPO 2008 con gran éxito de asistencia. Los reyes y el presidente Zapatero oficializaron el cierre de la exposición el catorce de septiembre.

Después de haber llevado al enfermero hasta el aeropuerto para que aquel corazón diese una vida, Ismael perdió el tren que lo hubiera llevado a Barcelona y por consiguiente su conexión con el vuelo de la mañana a Bruselas, así que tuvo que coger el de las cuatro de la tarde y cuando llegó a la oficina que INVERTIZA tenía en la ciudad los mercados ya habían cerrado. Aarón, que había llegado la noche anterior, lo recibió a gritos.

—¡Te has vuelto loco! —le soltó sin siquiera mirarle cuando entró en su despacho.

—Primero deja que te explique lo que ha ocurrido —se defendió Ismael.

—Sí. Te has vuelto loco, me quieres joder a mí la vida y encima no coges ni el móvil. Habrás visto las veinticinco llamadas que te hemos dejado todos, digo yo —bramó Aarón.

—Ya te he dicho que te lo voy a explicar, pero cálmate un poco. Que todavía tenemos mañana para decidir la venta de las acciones del Banco CreditES, si es lo que tanto te preocupa —insistió Ismael.

—¿Acaso a ti no te preocupan veinte millones de Euros? Ya veo que has perdido el juicio definitivamente y por lo que veo te da igual. ¿Tú sabes lo que he tenido que hacer en la reunión con los inversores? ¿La bronca que he recibido? ¿Las advertencias de demanda? Pero ¿qué coño te ha pasado que no has venido esta mañana?

Ante los gritos que estaba escuchando, la secretaria dio unos golpes en la puerta y entró sin esperar a que le dieran permiso y preguntó si iba todo bien.

—¡Largo de aquí! ¿Quién te ha llamado, joder? —le soltó empujándola detrás de la puerta.

Ismael se asustó un poco y se dio cuenta de que aquello iba en serio.

—Las noticias son todavía muy contradictorias sobre el futuro de CreditES. Los rumores de su compra por parte del Banco Bilbao Vizcaya son tan creíbles como los de la inyección de capital del grupo kuwaití. Creo que aún tenemos un par de días de margen para decidir qué hacer. Tranquilízate —respondió Ismael.

Aarón parecía a punto de explotar. La respiración era irregular, el tono de voz se podía oír varias plantas por debajo y no le dio un puñetazo a Ismael por poco después de haber echado a empujones a la secretaria del despacho. Estaba fuera de sí. Ismael nunca lo había visto de esa guisa y por un momento sintió verdadero miedo.

—Mira, he estado horas con varios inversores alemanes que han depositado en nuestras manos cuatro millones de euros cada uno y para los que tú decidiste invertir el ochenta por ciento del capital en ese banco absurdo. Y tres de ellos querían vender hoy porque no creen que la cotización vaya a aguantar. Los he tenido que tranquilizar y asegurarles que sabes lo que haces y que la mejor decisión es la que se toma con calma. Como esto salga mal te aseguro que voy a acabar contigo, con tu carrera y hasta con tu familia.

Y le dijo eso señalándolo con el dedo índice y acercándoselo a varios milímetros de su cara.

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