
Desde que me hice fan de las novelas de DOLORES REDONDO tras leer la trilogía del Baztán y luego las posteriores espero siempre el momento de la publicación de una nueva novela suya con mucho interés. En este caso, esa espera era doblemente interesante porque asistí al curso que la UJI organizó en El Palasiet en el que ella impartió una conferencia en la que pudimos conocerla mejor y disfrutar de su cercanía y autenticidad.
Después, durante la pausa del café, tuve la ocasión de charlar brevemente con ella y de que me firmase un ejemplar de su novela ESPERANDO AL DILUVIO, así que la lectura estaba doblemente motivada por este encuentro.
Ella explicó muy bien en aquel momento las razones que la motivaron a escribir esta historia en torno a John Biblia, con el marco de la gran inundación de Bilbao de 1983 que ella vivió tangencialmente y aquella vivencia supuso el comienzo de su novela hace ahora 39 años.
No está nada mal, tomarse ese tiempo para escribir una historia. Una historia que comenzó con su verano musical y que a mí me ha tenido enganchado a sus páginas transportándome al país vasco y aquellos primeros ochenta que yo también viví.
Desde el primer momento la conexión que consigue el lector con Noah es inmediata. Es un tipo lleno de autenticidad, que se guía por sus corazonadas, algo que quizá deberíamos practicar más hoy en día, y que siempre defiende su intuición para la resolución del caso. En su camino, y en contra de sus superiores además de luchar contra su propia salud, se encontrará con tres personajes que en mi opinión aumentan la potencia de la trama narrativa: Mikel Lizarso, el ertzaina que representa el espíritu con el que se creó el cuerpo en aquellos primeros ochenta y que representa el idealismo y la verdad. Maite, representando a la mujer con principios y con las ideas claras frente a la vida, una vida que ha tenido que vivir y luchar en solitario y por supuesto el que es para mí el ángel de esta historia: Rafa. Él es la bondad, la esperanza y la ilusión, como su propia madre lo define en un momento de la novela, un personaje con parálisis cerebral que sin embargo es clave en muchos momentos para la resolución del caso y que es el contrapunto perfecto para la crueldad de John Biblia. Soy un enamorado de los personajes “buenos” en las novelas, de las historias en las que la bonhomía, “el buenismo” es protagonista porque hoy en día está muy denostado y se valora mucho más al villano que al bueno, así que gracias, Dolores, por crear a Rafa y por darle el protagonismo que ha tenido. Con él me has hecho también llorar y mis lágrimas han mojado tus páginas.
Me ha gustado mucho la recreación del Bilbao pre-Guggenheim. Yo no pude conocerlo, he estado ya con posterioridad cuando toda la ría se ha llenado de cultura y luz, pero Dolores ha descrito con maestría cómo de distinto era hace cuarenta años y cómo eran las comunicaciones, las costumbres y las inercias de aquella época.
He terminado la novela de “la escritora de tormentas” como ella misma se define. Me quedo nuevamente huérfano de historias, pero con tantas ganas como siempre de que pronto llegue una nueva de Dolores. Aquí esperamos tu nueva novela. No tardes.



