
Imagino que debe ser muy complicado salir airoso de una situación como la que ha tenido que vivir Santi Vila, autor de este libro que ahora cronifico, al apearse y presentar su dimisión como conseiller, justo unas horas antes de la declaración del gobierno de Puigdemont de la DUI (Declaración unilateral de independencia). Ya se sabe que la equidistancia sale siempre malparada y, en los tiempos que corren, más que más.
Quizá equidistancia no sea la palabra correcta para denominar su posicionamiento, tal vez debería ser, simplemente, coherencia. Condenado como traidor por los independentistas y como independentista revolucionario por el estado, terminando en prisión y pudiendo eludirla finalmente con una fianza cuantiosa. O sea, a gusto de nadie y con grandes ausencias en sus apoyos, en especial de todo el conglomerado ideológico que era en el que él se movía y trabajaba desde hace años. Algo parecido a lo que sucede con los dirigentes del PP cuando son condenados en firme y se refieren a ellos como “esa persona de la que usted me habla” y parece que apenas la conozcan. Pues el caso de Santi Vila tiene todos los tintes para parecerse.
He de confesar que esperaba, de todas formas, más autocrítica en este libro con un subtítulo muy prometedor: De héroes y traidores. Y aunque él establece con claridad los motivos por los que no estuvo de acuerdo con la declaración unilateral de independencia, y apeló al consenso y a la negociación para declarar elecciones en lugar de la DUI, echo de menos una crítica mucho más clara a la figura de Puigdemont. Incluso habla de él en términos de persona muy razonable y comprometida, mucho antes de escapar de España y, probablemente, lo sea, pero su imagen ha llegado a un grado de degradación tal que ahora todos lo vemos como el que va a poner sobre las cuerdas al gobierno de España, y eso es mucho poner.
Apenas comenta nada sobre todo lo que fue la escapada en coche del susodicho a Bélgica, ni de los tejemanejes que hubiera que haber movido para conseguir algo así escapando de la policía española.
También lo he leído muy tibio, cuando no condescendiente, cuando se refiere a Pujol y todo su legado, que en ciertos momentos ensalza y diría que hasta defiende, cuando en realidad fueron 23 años de corrupción generalizada.
Sí carga las tintas bastante contra el inmovilismo de Rajoy y la prepotencia del Estado, y sus referencias hacia la otra parte del independentismo diría que son siempre con un punto entre envidia y maldad.
Que las plataformas o asociaciones culturales Omnium y la ANC impusieran crear una plataforma para estar en política sin políticos profesionales, o sea, que dieran el paso brutal de inspirar ideológicamente a los políticos a dictarles lo que tenían que hacer es sin duda el germen primigenio de todo el problema, en mi opinión.
JuntsxSí nunca debería haberse formado. Fue el paso que, creo, nunca se tendría que haber dado, y de aquel momento hemos llegado a donde estamos ahora, que ya todos conocemos sobradamente.
Que Santi Vila explique sus motivos para no abrazar la DUI no quiere decir que se haya alejado de sus reivindicaciones sobre la posibilidad de ejercer el derecho a decidir y el de votar por parte de los catalanes. Quizá es la parte que me reconcilia menos con el autor, pero que por otra parte le da más coherencia si cabe a su discurso.
Una de las cosas que más me irrita y que casi nunca tengo oportunidad de discutir con algún independentista es por qué se apropian del derecho de hablar en nombre de toda Cataluña. Frases como “Cataluña es independentista” “Cataluña es una nación que tiene el derecho a decidir su futuro” ¿Se olvidan de que hay casi o al menos (según sea el momento electoral) un 50% de votantes que no la quieren? ¿Ellos no son Cataluña? Y eso me lleva a otra pregunta todavía más inquietante y para la que, creo, nunca habrá respuesta. Si se hiciera la consulta y el resultado fuese un NO, los independentistas, los de la CUP, los de las asociaciones culturales, ¿lo aceptarían?
Leer este libro en este momento en que oímos hablar de Amnistía, de olvidarnos de todo lo que pasó, de perdonar a todos, de que Puigdemont vuelva indemne etc… ha sido muy interesante porque pone en perspectiva cosas que al fin y al cabo ya pasaron hace unos años.
Yo defiendo que aquel que cometa un delito, pague por su pena, asuma su responsabilidad y acate la ley. En cualquier orden de la vida y de la convivencia. No me define eso como un facha, ni un derechista malintencionado. De hecho siempre voto izquierda o incluso lo que se llama “extrema izquierda” pero no puedo admitir que todo lo que se hizo contra España se quede en un… vamos a olvidarnos de todo. No puede ser. A los catalanes que aspiraban a la independencia se les mintió asegurándoles que al día siguiente de la declaración DUI, vivirían en el paraíso lejos de la opresora España. Y a los que se les mintió, se dejaron ser mentidos. No hay más. La independencia de Cataluña no ocurrió, ni va a ocurrir ahora, ni creo que en mucho tiempo porque el respaldo que tiene es minoritario.
Véanse los resultados de las elecciones últimas en Cataluña, las cifras son claras: La suma de ERC + JUNTS + CUP suman un 27% de los votos, algo completamente insuficiente para aspirar a la independencia de un país.
PSC – 1213006 votos
SUMAR – 493548 votos
ERC – 462883 votos
JUNTS – 392634 votos
PP – 469117 votos
VOX – 273023 votos
CUP – 98794 VOTOS
Otros – 80000 votos
NOS VEMOS EN LAS ELECCIONES DEL 14 DE ENERO
