Describiría esta novela con una simple expresión: Excesiva y sin complejos. O sea, directa, hiperbólica, poliadjetivada, realista, inframundista (utilizando una tanda de cinco adjetivos como suele hacer su autor en ella misma muchas veces), diciendo las cosas claras y mostrándonos un mundo (por no llamarle un inframundo) que sin duda existe en nuestras ciudades y que ignoramos por barreras invisibles que nos permiten vivir mejor.
Ramón Palomar ha escrito una novela en la que la venganza, la corrupción y el crimen organizado forman una terna que soporta una trama compleja que converge de forma ejemplar.
Ya me quedé prendado de Ramón cuando dio su charla en el curso de verano de la Uji en el Palasiet, este verano pasado en Benicàssim. Me despertó la curiosidad conocer cómo un tipo tan interesante en su oralidad podría comunicar de forma escrita y el resultado me ha parecido magnífico. Y es que La Gallera es una de las mejores novelas que me he leído en muchos años.
Ramón aúna en sus protagonistas todo lo más vil que puede acaecer en el ser humano, el tráfico de drogas, las peleas de gallos, los asesinos a sueldo, la prostitución, el alcoholismo, el abuso de mujeres, los robos y por supuesto la muerte.
Un cóctel molotov agitado a modo de narración vivaz y ágil que mueve al lector a sorprenderse más y más con cada capítulo que lee. Y todo sin esperanza de que en algún momento aflore la bondad. No, en esta novela no hay bondad. Hay maldad, maldad en estado puro y malignidad de la especie humana sobre la especie humana.
Cuando me he ido aproximando a su final me he ido preguntando qué tipo de final podría tener una historia tan fuerte como esta y la verdad es que no podía imaginar cómo podría finalizar.
Pero Ramón está a la altura y a medida que el lector va situando a todos los protagonistas de la historia en su sitio, como si fuese completando un puzle al que le faltaban unas pocas piezas, la transgresión permanece, la locura del todavía más y peor, perdura.
Y es una historia, por supuesto, fruto de su tiempo, el tiempo en que está narrada, en el que todos los villanos son hombres y todas las mujeres son en cierta forma víctimas. Me hubiera gustado que alguna de ellas actuase también como villana, pero eso tendrá que quedar para otra ocasión, ya que esta es una novela en la que el nivel de testosterona, de la fácil, de la de los machirulos de todo a cien, rebasa y rebosa todos los niveles y se convierte en cascada que inunda al lector.
Llamando a los clanes por su nombre, a los migrantes con sus despectivos sobrenombres, de manera chabacana, sin complejos, y mostrando las miserias humanas en su más diversa índole desde un primer plano corto, como si lo pudiésemos ver delante de nuestras narices, como si observásemos todo eso que pasará muy lejos de nuestra cotidianidad. Y Ramón lo cuenta tal cual es, mejor dicho, exacerbando las hipérboles de lo maximalista para que todavía cause más impacto.
Un libro que ahora se tendría que denominar políticamente incorrecto, pero es que así son sus protagonistas y así se expresan, y seguramente a los puristas lectores de la generación millenial les dolerá en su frágil cápsula de inviolabilidad. Pero los que hemos nacido en los setenta y medrado en los ochenta, los que hemos bebido litronas y nos hemos movido por barrios de todo tipo y condición, entendemos que las cosas hay que contarlas como son, como fueron, sin perífrasis ni eufemismos. Sin filtro. Directo y en vena, que es lo que esta novela ofrece: Puro Rock and Roll literario.


One reply to “LA GALLERA – mi crónica de lectura”