LA BAILARINA DE AUSCHWITZ – mi crónica de lectura

Es cierto que el número de novelas que se han publicado con el título de El o la …. Lo que sea de Auschwitz es muy numeroso, quizá excesivo… sin embargo, en este caso la novela titulada La Bailarina de Auschwitz, de la escritora y psicóloga superviviente del holocausto Edith Eger es mucho más que un libro sobre un judío que sobrevivió al campo de concentración.

De hecho, su autora apenas dedica unas páginas al horror allí vivido por ella, y desarrolla su novela durante todo lo que conllevó el después. Una vez liberada por un soldado norteamericano, ¿qué pasó con su vida? ¿Cómo continuó con ella? ¿Adónde fue conducida y cómo recomenzó?

Es quizá un momento de la historia que no está tan contado, o al menos no tan novelado (quizá simplemente es desconocido para mí) pero me ha resultado sumamente interesante, porque si estar encarcelada en Auschwitz (o cualquier otro campo de concentración nazi) fue tremendo y demoledor, no lo fue menos lo que vino después, el rechazo por parte de los propios alemanes, la exclusión, la sensación de haberse convertido en apátrida, de no tener un referente o un lugar al que pertenecer y finalmente el largo y tortuoso periplo de integrarse en un nuevo país y cultura.

Resulta complejo entender cómo los liberados se enfrentan a una no patria, con dificultades para ser admitidos en USA, en Australia y mucho más en Israel, que se hallaba inmerso en su propia guerra árabe-israelí.

Es finalmente, cuando Edith llega a Estados Unidos y consigue finalmente estudiar una carrera universitaria y también doctorarse en Psicología cuando la novela se vuelve fascinante, por cómo desmenuza el interior de su conflicto interno, superado tras muchos años el momento de la liberación del campo de concentración, cómo tiene que evolucionar su vida y sus relaciones sociales y amorosas para poder enfrentarse a él, para perdonarse a sí misma. Sí, aunque parezca paradógico, una víctima que tiene que perdonarse primero a sí misma.

Ya digo que la novela se convierte en un ensayo filosófico sumamente interesante que gira en torno a la psicología de las personas y de los conflictos humanos y de cómo ella, trabajando ya como doctora en psicología, afronta la ayuda a sus pacientes.

Creo que esta novela huye de los tópicos acerca de la crueldad del nazismo, de las torturas y de la exacerbación de los extremos. Por supuesto, se habla de las cámaras de gas, de las duchas incógnita, a las que dirigían a los presos sin saber si sería de gas o de agua, de las palizas, de los abusos y de las chimeneas, pero todo ello queda enseguida superado por el enorme interés de la disquisición psicológica sobre como la mente humana puede sobreponerse y enfrentarse a todo lo que vino después, manteniendo siempre el mantra de que lo que la mente decida hacer con las circunstancias que le toquen vivir nunca podrán quitárselo.

La bailarina de Auschwitz tiene, en mi humilde opinión, un título erróneo. Seguramente, la editorial tiró de gancho comercial, y no hay nada que reprocharle en ese sentido, y aunque Edith bailó para Menguele y eso seguramente le salvó la vida, no creo que sea el capítulo tan importante como para darle título a tan fantástica novela.

¿Cómo nos sobrepondríamos a la barbarie si la hubiéramos tenido que sufrir? ¿Cómo construiríamos una vida que no fuese rehén de ese capítulo? ¿Seríamos capaces de ayudar y de ayudarnos? ¿Seríamos capaces de perdonar? Todas estas preguntas son planteadas por Edith hacia sí misma y hacia sus pacientes y creo que nos mueven a reflexionar sobre nuestra propia condición, nuestro presente, nuestras circunstancias y nuestras bondades, así como sobre la necesidad de ser y de estar en todo momento.

Para mí, una gran novela, a pesar de su título.

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