LES PARTICULES ÉLÉMENTAIRES – mi crónica de lectura

Llevaba mucho tiempo queriendo leer algo de Michel Houellebecq, porque había leído que se le había comparado con Aldous Huxley o Thomas Mann, como fenómeno editorial desde que publicó, especialmente, su segunda novela en 1998 que yo decidí leer en versión original, en francés.

He de decir que desde el principio Les particules élémentaires me pareció una lectura densa, de difícil avance, con vocabulario muy elaborado para alguien que no es bilingüe, aunque tiene un buen nivel de francés como yo y no la disfruté. Así que cuando iba por mitad de la novela, más o menos, decidí continuar la lectura en su versión traducida, y entonces comprendí por qué no estaba disfrutando de su lectura. Sencillamente, no me estaba gustando la trama, ni la forma de narrarla, ni la ambientación, ni el “concepto” de la propia novela.

La novela intenta, supuestamente, atacar frontalmente los protagonistas del 68, que hoy en día dominan los poderes fácticos, económico y periodístico especialmente en Francia, a través de las vidas de dos hermanastros, Michel, biólogo, que ha renunciado a su sexualidad y Bruno, profesor de literatura, obsesionado con el sexo, misógino y racista, ambos abandonados por su madre hippie que marchó a una comunidad en California.

El autor pasa de páginas de puro relato científico indescifrable, utilizando terminología bióloga y física de casi incomprensión para el lector a otras en las que el porno se hace protagonista y detalla con todo tipo de detalles la forma en que Bruno eyacula sobre las sábanas de una cama y entre ambas pasa por un relato soso, demasiado circunstancial en mi opinión, de las vidas de ambos, sin gracia ni ese pretendido humor que supuestamente se le ha otorgado.

He leído titulares maximalistas de distintos críticos y medios de comunicación como: La revelación literaria del año, o Atleta del desconcierto, experto en nihilismo, virtuoso del no future, Insolente y políticamente incorrecto… titulares que, sin ser inciertos, exacerban en demasía la calidad de una novela que a mí me ha parecido aburrida, tendenciosa y sobre todo hiper valorada.

Diría que ha sido una de las mayores decepciones de los últimos años en cuanto al descubrimiento de un escritor. Una pena… pero es lo que hay.

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