Nadie contará la verdad es una novela que llegó a mí por casualidad. Prestada por una amiga que se la había leído decidí darle una oportunidad a un volumen sustancioso (540 páginas) y debo decir que no me arrepiento en absoluto. Su lectura me ha atrapado y convencido.
No conocía a su autor, Pedro Feijoo de quien he sabido después que es un autor ya prolífico con muchas novelas publicadas, premios importantes conseguidos, además de contar en su haber con cierta actividad musical, aunque ahora se dedique a la literatura cabalgando entre la novela histórica y el thriller.
Pues bien, en esta novela nos adentramos en lo más profundo y perverso de las cloacas de los poderes fácticos (en esta ocasión de Galicia, aunque podría ser trasladable a cualquier otra administración pública). La podredumbre que nutre y retroalimenta las relaciones entre la alta política, el sistema bancario y empresarial de toda una comunidad autónoma nos hace pensar en lo pequeños e insignificantes que somos los pequeños currantes, los que tenemos un sueldo en una empresa a la que acudimos a trabajar a diario, y en la que luchamos día a día por salir adelante. Sí, esta novela habla del poder con mayúsculas, ese al que nunca podremos llegar los mortales de a pie. Porque pertenece a una casta que viene de tiempo. Un grupo de personas que han formado una mini sociedad endogámica en la que entre ellos se lo comen y entre ellos se lo guisan.
Lo más interesante para mí de esta novela, por supuesto además de cómo está estructurada la trama y el in crescendo de la tensión narrativa, es la descripción de las relaciones de poder y dependencia entre los poderes: El poder bancario controla y limita al empresarial, que a su vez puede vigilar y maniobrar con el político que al final es quien determina los flujos de dinero de los que el poder bancario se nutre. Obra pública, concesiones millonarias, mordidas, porcentajes de contratos que son desviados a paraísos fiscales sin mayor remordimiento, sin despeinarse, vaya. Por supuesto, traición, asesinatos, ajustes de cuentas, todo de forma sórdida y deshumanizada.
Y en medio de toda esa maraña de corrupción, ambición y traiciones inconmensurables, sobresale la hazaña de un par de periodistas que luchan cual David contra Goliat por la búsqueda de la verdad.
Todo en un escenario profusa y magníficamente ambientado como es Galicia.
Una novela que recomiendo porque la intensidad y complejidad de la trama aumenta con el avance de su lectura y termina de forma que no decepciona, y que satisface al lector por completo.

