
Siempre es motivo de alegría la publicación de una novela de Rosario Raro, porque sé que me va a transportar a un tiempo y un escenario cargado de autenticidad, que va a dejarme poso como lector y que voy a iniciar un viaje que me llevará a otro lugar al que llegaré como una persona con una pizca más de sabiduría, la que transmite la ingente documentación de sus novelas. Ya digo desde el principio que su nueva novela, Prohibida en Normandía acaba de desbancar a la que era hasta ahora mi favorita de sus cuatro novelas publicadas, La Huella de una carta.
Prohibida en Normandía nos lleva a conocer a su protagonista, Martha Gellhorn, reportera estadounidense que lucha lo indecible, contra viento, marea y en especial contra el patriarcado, por obtener el lugar que merece en la narración de la contienda, y en especial del desembarco de Normandía.
Rosario ha construido una novela que para mí es un tronco. Es la base de la que emergen numerosas ventanas, a modo de ramas, que quedan a disposición del lector para ser abiertas, para encauzar la entrada a otras fuentes de conocimiento, con tantas semillas como nos ha dejado: conocer la obra y carrera profesional de su protagonista en otras contiendas posteriores, descubrir qué fortunas financiaron, desde Hollywwod, el gran escenario que fue la puesta en escena en un extremo del Canal de la Mancha, cuántos cauces y caminos hubo de huida para los que pudieron salvar sus vidas a través de los Pirineos, qué papel tuvo el franquismo en la escapatoria de tantos altos mandos del nazismo, qué hay de cierto en lo de que el nazismo intentó anexionarse la Antártida, cuál fue la evolución de Collier’s, cuan ingente fue la obra de Eleanor Roosvelt, cuántas otras reporteras de guerra ninguneadas y ocultadas podrían conocerse y seguro que nos maravillarían, además de fotógrafas, editoras, y un sinfín de profesiones, todas ellas necesarias, en cualquier aspecto de la vida…
Como digo, el número de ventanas de conocimiento e investigación que se abren es inmenso, todas brotando de un tronco fuerte que es la novela de Rosario, magníficamente narrada, con un ritmo creciente de indignación por cuanto le sucede a Martha y dentro de un escenario y de una época que llega tan a los detalles que te olvidas de que está escrita en 2023.
Rosario cuenta que muchos capítulos de la novela están escritos desde los escenarios reales, y eso se nota, se palpa, por no decir que se respira.
He disfrutado de esta lectura a bordo de un tren, en un doble viaje, físico e intelectual que como decía al principio me ha llevado a un destino con una brizna mayor de conocimiento, gracias a su autora.
Prohibida en Normandía es la novela que alguien tenía que escribir, para dar voz, para poner palabra y para defender el lugar, el que tantas mujeres vivieron y luego se borraron. Por todo eso, por tu forma tan fascinante de documentarte, por tu ritmo narrativo y por ofrecernos siempre temas insólitos, alejados del mainstream, te doy las gracias, como lector y mi más dorada enhorabuena por esta novela que espero continúe abrazándote con el éxito.

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