Cuando conocí a Javier Alandes, autor de esta fantástica novela, La última mirada de Goya, tuve la intuición de que iba a disfrutar de sus novelas. Luego, escuchando cómo las explica, cómo describe el proceso de escritura, su tránsito por las diferentes etapas y cómo lleva a cabo la construcción de sus personajes me convenció por completo de ello. Y así ha sido, leer La última mirada de Goya ha resultado ser una bocanada de frescura literaria, de vuelta al placer adolescente cuando leía las novelas de aventuras, cuando mi mayor deseo era quedarme un sábado por la mañana leyendo, sin ninguna otra obligación, y sin grandes responsabilidades, una posibilidad de abstracción del día a día y de inmersión en una burbuja de puro placer.
La trama es sumamente interesante, narrada en dos tiempos, el de la vida de Goya en Burdeos, en su última etapa, ya mayor y cascarrabias, y la del descubrimiento, 60 años después de su muerte, de su tumba, con sorpresa incluida, al no encontrar su cráneo y descubrir que en la misma cripta aparecía un segundo cadáver.
A partir de estos dos marcos temporales Javier desgrana una historia en la que la realidad histórica se mezcla con lo ficcionado por él, plausible y coherente en una verdadera novela de aventuras, casi diría de espadachines, con traiciones, vericuetos, defensa del honor, y crímenes. Una lectura que avanza sin dejarte respirar y que siempre te pide que continúes y ante la que es difícil dejar la novela. He perdido horas de sueño, pero he ganado otras de placer lector.
Ya contó Javier, en su presentación en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, que había visitado los lugares en los que transcurre, la novela, sobre todo Burdeos, y se nota que su ambientación está muy cuidada, fruto de una documentación ingente.
Me resultó muy curioso el dato (por ser tan concreto) que dio, indicando que la escritura de cada capítulo le llevaba tan solo cinco horas, lo cual nos da unas 300 horas aproximadamente para escribir esta novela de más de 500 páginas. Todo el resto del tiempo, más de dos años según dijo, fueron dedicados a reescribir, corregir, releer etc, que es la verdadera labor del escritor de oficio.
Doy un diez a Javier con esta novela. La voy a recomendar. Me ha encantado y cuando una cosa está tan bien elaborada, merece ser promocionada y recomendada.
¡Enhorabuena! Y gracias por tan buenos ratos de lectura.


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