Comencé a leer a Javier Sierra hace mucho tiempo, con una de sus primeras novelas, La Dama Azul y después seguí siendo un asiduo lector, En busca de la edad de oro, Las puertas templarias y La cena secreta. Luego sin ningún motivo concreto me di un paréntesis en el que busqué otros textos, de escritores franceses, ingleses y de otras temáticas, pero siempre me quedó pendiente retomar sus lecturas.
Ahora, con la excusa de que va a venir al curso de verano de la UJI en el Palasiet el próximo mes de julio decidí reencontrarme con él con esta novela, El ángel perdido.
Y aunque han pasado años desde la última vez que lo leí debo decir que aquello que me atrapó de él como autor sigue ahí, ha vuelto a reencontrarse conmigo como lector, el misterio, la intriga creciente hasta un límite en el que no parece que pueda haber un desenlace sostenible, la ingente documentación histórica, la enorme cantidad de certezas que nos parecen magia o fortuna pero que están debidamente probadas por investigadores serios y todo ello amalgamado por la ficción, porque al fin y al cabo la novela es una obra de ficción, que lo unifica y lo convierte en una historia harto creíble y sumamente entretenida.
En El Ángel perdido se habla nada más y nada menos que de una raza de ángeles, que poblaron la tierra mucho antes que nosotros, de la posibilidad de entablar una conversación con Dios, así, con mayúsculas a través de la invocación de ciertas palabras ancestrales y la excitación de ciertas piedras adamantas que provenían de un ancestral tiempo narrado en el antiguo testamento, fuente, por otra parte de multitud de teorías y hechos que invitan a ser releído. De los misterios que giran en torno a la existencia del Arca de Noé, del monte Ararat y de esa área mágica, energética circunscrita entre Irán, Armenia y Turquía. Y todo ello resulta plausible y cercano, esa es la verdadera magia de Javier Sierra como narrador.
He disfrutado del reencuentro, de la emoción, del ingenio y del misterio de este escritor, maño como yo, que pronto podré escuchar en su conferencia y al que, sin duda ninguna, voy a continuar leyendo, probablemente con La pirámide inmortal.

