
Es curioso que este mes de junio, dos de los libros que he leído han tenido un efecto embudo contrario. El niño, de Fernando Aramburu comenzó con lo mejor y terminó de forma tediosa y aburrida. Fue de más a menos. Y este cuyo post estoy escribiendo, Milenials, la nueva novela publicada por mi paisano, el escritor belchitano Félix Teira, es todo lo contrario, comenzando de forma sencilla y terminando en un todo completo y redondeando una novela fantástica que va de menos a más de forma constante.
He leído unos cuantos libros ya de Félix y debo decir que Milenials contiene un cambio, en mi humilde análisis. Una forma de abordar la narración distinta a lo que pude encontrar en sus anteriores novelas. En mi opinión, puede deberse a que intenta reflejar, no sólo en la forma en que hablan sus personajes, sino también en el estilo narrativo, la idiosincrasia de esa generación de nombre angloelegida, Milenials, que es muy característica y distinta a sus generaciones precedente y posterior.
Y cuando me refiero al estilo narrativo quiero decir la forma en que está elaborado el avance de la trama. Las ideas se cortan por momentos unas a otras, avanzan de forma a veces demasiado rápida, inconexa, se habla de mil temas unos detrás de otros sin tener relación y se acrecienta este efecto acelerado prosizando reflexiones del personaje que habla en cada momento, no escribiéndolas a modo de diálogo o pensamiento, sino como una parte más de la narración.
El lenguaje es claramente milenial. En eso Félix ha acertado. Simplemente leyendo como hablan entre ellos y cómo reflexionan, se pueden posicionar sus personajes en torno a los treinta.
Los personajes principales, cuatro treintañeros que comparten piso, son los arquetipos de la generación: narcisistas, un poco quejicas, inconformistas lo mínimo, buscando un equilibrio entre su vida laboral y personal y sumergidos en el uso de la tecnología digital.
Lo que más me ha gustado de la novela Milenials, es, aparte de ese uso tan determinado del lenguaje y la narración que he explicado antes, la evolución de la misma. Como decía, de un comienzo que me ha parecido más deslavazado y lineal en el que el autor va contando cosas de muchos personajes, con muchas situaciones, nombres que aparecen sin saber todavía quién es quién, a un final en el que las cuatro historias principales se han reforzado, han completado su totalidad narrativa y han confluido en una novela compacta, con trasfondo y con poso.
El final prepandémico me parece un acierto porque es como una toma a tierra. Un descender a una realidad tremenda, que todos vivimos, y que parece conectar a sus personajes con el mundo de forma más sólida.
He podido disfrutar de esta maravilla en una ida y una vuelta a Barcelona, en tren, con la calma del vagón en silencio y la música de mi lista de Smooth jazz, una combinación perfecta que ha convertido su lectura en uno más de los pequeños placeres de la vida que espero nunca me falten.
