Puede parecer este un titular muy de abuelo cebolleta, de generación nostálgica de lo “buenos que fueron los 80, oh yeahhh” pero no, nada más lejos de la realidad.
FIB-2024. ¿Es el cartel interesante a grandes rasgos? Si lo comparo con los FIB de principios de los dos mil, noooo, muy poco interesante. Si lo analizamos con lo que escuchan los jóvenes entre los veinte y treinta (público mayoritario actual del FIB) pues entonces ya sí, claro. O sea, yo he envejecido. El FIB (y su público) no.
Ahí tenemos el primer punto de debate. ¿Es mejor programar un festival que se adecúe al presente de subjuntivo o por el contrario hay que mantenerlo en lo que fue su esencia desde sus comienzos? Cuando pienso que hemos podido asistir a conciertos de The Cure, Björk, Pet Shop Boys, Depeche mode, Radiohead o The Chemical Brothers, la respuesta sería clara, pero también habría que pensar lo que costaba la entrada en esa época (3 ó 4 veces más que ahora).
Asumiendo que para mí el aspecto musical es lo fundamental de asistir a estos festivales y que siempre hay grupos que descubrir interesantes, el primer día, puesto ahí delante del escenario principal, con el sol todavía en el horizonte y esperando a que saliese el primer grupo que quería ver esta edición, Arde Bogotá, me empiezo a fijar en mi alrededor. Al principio no doy crédito, me da la sensación de estar en una distopía, no reconozco bien los géneros… ¿será el género fluido? Chicos con faldas y puntillas, chicas vestidas de militar, todos maquillados con brillantina, gafas excesivas, botas, tatuajes por doquier, pelos decolorados, peinados imposibles, litros y litros de bebida, selfies sin parar y besos, muchos besos multigénero. Libertad total. Me doy cuenta de que el salto generacional es evidente y demoledor y que afortunadamente las nuevas generaciones son disfrutonas, desinhibidas, viven el presente, lo disfrutan sin importar nada más que el puro placer hedonista.
Pero cuando estoy yo sesudamente recapitulando todos estos pensamientos sale el cantante de Arde Bogotá, grupo al que tenía yo por más bien clásico en lo formal, con una voz potente, elemento que para mí es fundamental (por eso no me gustan Los Planetas) y aparece el tipo igual de desprejuiciado: camiseta de Miley Cirus… pantalón de campana con estampado de leopardo y botines…eso sí que es (para mí) deconstruir el estilo. Y su máxima, cuando se dirige al público, ¡hemos venido a bailar! Pues a bailar… a eso parece que hemos venido, eh, cincuentas, venga, a bailar.
Primer día y sesión corta que al día siguiente hay que currar.
Segundo día, plato fuerte ELYELLA, grupo que descubrí en el anterior FIB y que me dejó impactado. Vuelven a demoler al público con su brutal concierto. Espectaculares. Brincando y saltando, olvidando que las rodillas a los cincuenta luego se resienten, pero ya lo pensaré mañana. Hora y cuarto de electrónica y temas sumamente pegadizos que cantamos y tarareamos, porque nos los sabemos, sí, a pesar de estar en otra década, jajaja. Tremendo el concierto. Acabamos agotados y doy mentalmente mi 10 de nuevo a este dúo. Nos vamos al escenario grande a La La Love You, grupo del que mi referencia conceptual es el pop colorista. Llegamos, media explanada llena, la mayoría de las canciones no las conocemos y tampoco nos enganchan, contrariamente a lo que yo esperaba. Intentamos bailar un poco, tararear, nos vemos cansados. Abandonamos.
Tercer día, con generación Z a mi lado nos dirigimos al que para mí es la estrella del festival (sí, no es Black Eyed Peas): Royal Blood. Comienza este dúo con un sonido demoledor. La razón por la que me gusta tanto (descubiertos ad hoc para este festival porque antes no los había escuchado nunca) es porque el 50% del grupo es la batería, y en especial “el” batería, el músico que la toca que es total, histriónico, empático y con un carisma inmenso. Se levanta, abandona su puesto y dirige al público para que haga un círculo gigante que se abre y abre para luego explosionar en un amasijo de empujones brincos y exaltación musical desmedida. El generación Z, a mi lado, me explica lo que acaba de ocurrir. Yo, impregnado por la energía joven que me rodea lo disfruto, lo flipo. Otro 10 para este grupo de Brighton. Sonido demoledor, batería imperial y mucho mucho baile.
Cuestión filosófica, aguanto dos horas más para ver a otro de mis grupos favoritos, Delaporte, o me voy a dormir… Venga, me espero y ya de paso, sentadito en un banco y con un agua me escucho a Dorian, a quien solo conozco por la versión que hizo Fangoria de una de sus canciones. De repente me doy cuenta de que me he levantado, casi sin darme cuenta, me he puesto a bailar, me molan, oye, disfruto. Con un sonido compacto, que conecta, colorido, con melodía, con un tipo que canta muy bien. Me han hecho disfrutar y olvidarme de la hora cuarenta y cinco que tenía que esperar.
Con el espíritu ascendido en su nivel energético me voy ya al escenario Delaporte. Comienza, fuerte, electrónica de alto nivel, mezclas, histrionismo y baile. Muy bien, lo que esperaba. Pero las canciones van pasando y la parte vocal predomina sobre la mezcla y la instrumental y el ritmo baja, al menos baja para mí hasta que me hace detenerme. No estoy bailando… NO lo puedo creer. Me esperaba más hype, más saltos, más evolución rítmica pero ellos han hecho su concierto, como es normal, y además, el público lo jalea. Soy yo que me he quedado en el concierto del fib anterior. YO quien no he evolucionado. Decido marcharme a casa, pues aún tengo más de 30 min de caminata y son las 4,30 de la madrugada. En el camino de salida veo que Delaporte vuelven a subir el nivel sonoro, el ritmo machacante, lo que yo esperaba de ellos, así que aún me quedo a verlo desde la distancia. Vuelven a convencerme, pero estoy casi en la puerta de salida.
Adios FIB2024. El año que viene volveremos a descubrir sabia nueva, músicos jóvenes que nos actualicen el sistema neuronal.






