Tengo una rutina muy establecida por las mañanas. Me levanto a las 5,30 am, me voy caminando a la playa, a la que llego en unos veinte minutos. Allí nado hasta que la noche termina y comienza el amanecer, otros 20-30 minutos y luego camino de vuelta a casa. Cuando llego, escribo un rato y luego desayuno. Finalmente, con mi café de la mañana me siento en la terraza, cuando todo el mundo duerme, el silencio es total (solo acompañan los pájaros), el sol todavía no brilla y la calma ralentiza el espíritu para la lectura .Ahí, en ese mismo instante, suele ser un poco antes de las ocho, es el momento de mi lectura mañanera, que dura una media hora. Y a ese momento es al que he estado deseando llegar cada día durante la última semana para coger entre mis manos esta fantástica novela: L’Homme des Mille Détours, de la escritora francesa de la que soy fan total, Agnès Martin-Lugand, de la que ya me he leído cuatro novelas en versión original francesa.
Ese momento mañanero, mi momento, el de calmar mi espíritu uniéndolo a la lectura tranquila y al café, se complementa con otro por la tarde, cuando el sol se está poniendo y ya no calienta, cuando cada uno en la casa está en un quehacer y queda todavía un rato antes de la cena. Otro buen rato de lectura me acompaña.
Así he devorado esta novela que me ha hecho llorar. Siempre pienso, cuando leo en inglés o en francés, que consigo entender el “mensaje”, el contenido, la idea global de la novela, porque nunca, por buen nivel de ambos idiomas que tenga, llego a comprender el cien por cien, o sea, nunca podré llegar a disfrutar y comprender tan profundamente como una novela en español. Sin embargo, en esta lectura y por primera vez diría yo, me he acercado muchísimo a lo que sería una lectura en castellano. Mucho. Y eso aún me hace más feliz. Creo que es lo que me ha hecho derramar lágrimas, de emoción, de tristeza, de empatía. Lágrimas francesas, diría yo.
Leer a Agnès es una delicia, desde que la descubrí con La gente feliz lee y toma café. L’Homme des Milles Détours es una novela en la que dos personajes masculinos contraponen su concepto de vida, su necesidad de establecer su propio camino. Una historia que cuestiona la existencia en toda su extensión, que habla sin tapujos sobre el concepto del sentimiento familiar, del poder de la sangre, si es que existe, y de las segundas oportunidades. Un libro en el que se ensalza La Ilíada y La Odisea como libros cabecera de uno de sus protagonistas.
Diría que en esta novela encuentro más profundidad narrativa, más estructura del pensamiento humano que en las anteriores, o sea, mayor madurez, posiblemente.
Una novela que te hace empatizar con cada uno de los tres principales personajes y sus circunstancias, Gary, Erin e Ivan. Demoledora, tierna, cariñosa y real a partes iguales. Y en francés. ¡Superbe!


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