La ceremonia del té de flor de Loto

Aunque debo considerarme mucho más amante del café que del té, he de reconocer que, si hago balance de mis innumerables viajes por oriente próximo, norte de África y Asia, puedo decir que atesoro un buen número de experiencias con el té.

Mi favorito, el “Masala tea” indio, con leche y especiado. Como digo muchas veces, casi la única cosa que salvaría de la India… Pero también he probado en cada viaje, el té hiperdulce e hirviente que ofrecen en Egipto, el té con menta marroquí, el té amargo de Argelia y Túnez, el té ligeramente especiado de Sri Lanka (también uno de mis favoritos), el té insulso y multifloral de China o el té (imbebible y profundamente amargo) de Indonesia.

Hoy he asistido a una especial porque todo en ella era especialmente preparado para mi visita: La ceremonia del té de flor de Loto en Vietnam.

Con una estatua dorada de Buda presidiéndonos, nos hemos sentado en un cojín en el suelo, descalzos,  delante de una mesa elevada apenas 20 cm del suelo. El dueño de la empresa anfitriona (mi cliente) era el maestro de ceremonias. Le han traído la tetera cerámica esmaltada en color cobre, las tacitas de té decoradas con oro, el agua hirviendo, los múltiples utensilios para el trasiego del agua, el filtro y finalmente la bolsita de té cerrada al vacío. Un té que según han explicado solo se puede recoger en esta etapa del año en las montañas del norte de Vietnam y que es 100% orgánico, como indica en la caja que posteriormente me han regalado.

Temperatura ideal, 85ºC – tan solo 20 segundos de infusión y comienza el trasiego, una primera tetera (mini tetera tendría que decir) que ha llegado para los 5 mini vasitos. Pero luego, con el mismo té se ha repetido la operación al menos 5 veces, aunque he de decir que el quinto té tenía casi el mismo sabor que el primero.

El anfitrión insiste (o eso es lo que traduce el agente) en que esos momentos, los de compartir el té alrededor de una mesa en el suelo, son los que generan confianza y estrechan amistad entre las gentes. Otorgan paz y abren la mente a la colaboración y la comprensión entre culturas.

Todo va a ser mejor después de tomar este té tan especial, o eso es de lo que me han intentado convencer.

Desde luego el tiempo de calma y relax lo hemos tenido, aunque mis rodillas seguramente no piensan lo mismo…

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