LA ESPAÑA VACÍA – mi crónica de lectura

El subtítulo de esta novela de Sergio del Molino reza la siguiente frase. Viaje por un país que nunca fue.

El tema de lo que ahora se denomina La España vacía o vaciada, según quién lo diga, siempre me ha interesado mucho. Al fin y al cabo, yo pertenezco y provengo de ella, de un pueblo pequeño (si consideramos la media de población de muchos pueblos del centro y perímetro de España) situado en medio de un (casi) desierto de Aragón, Belchite.

Y pertenecer a esa gran parte del territorio español, a menudo olvidada por los medios de comunicación y por supuesto por los políticos, implanta un talante, una forma de ser ante la vida, y proporciona una visión mucho más descentralizada que la de las grandes urbes.

Haber nacido (y vivido) en un pueblo de todo ese territorio otorga ciertos privilegios, impensables para los grandes núcleos de población, como la vida tranquila, el aire sano, la cotidianidad cercana, la alimentación saludable, la lejanía del estrés, la relativización de los problemas y la libertad, sobre todo cuando eres un niño. Pero no por ser todas esas razones muy atractivas, debemos olvidar los grandes peros que implica también.

Por ejemplo, (y me refiero en este caso a Aragón pero podría hablar de Castilla la Mancha, Extremadura, Castilla León o La Rioja), estamos permanentemente ausentes de las noticias. Cuando aparecemos, suele ser en muchas ocasiones por una desgracia, casi nunca por algo positivo. Parece que últimamente solo existe Cataluña, Madrid y si me apuras el País Vasco. No, señores, hay mucha más España que esa. Muchos más acontecimientos, noticias, inversiones, desarrollo industrial, modernidad agrícola, cultura, gastronomía, solidaridad y emprendimiento que se da lugar y cita en esos territorios pero que no generan titulares. Parece ser que no interesan. En varios programas de radio he escuchado que todo cuanto acontece más allá de la M30 carece de interés. Pues todo lo contrario. ¿Qué serían los gobiernos sin todos esos votantes, como muy bien explica el autor de este ensayo? ¿Cómo se hubieran desarrollado las infraestructuras radiales, las grandes ciudades, sin el detrimento y vaciado de los pueblos? Nunca habría ocurrido.

En estos tiempos de política desnortada, en la que uno se queda sin referentes, sin posibilidad de votar a ningún partido porque todos tienen lo suyo (unos más que otros), se hace más necesario que nunca un partido que defienda los intereses de esa España, la real, la de las gentes que luchan por tener los mismos derechos que los urbanitas, por que les sean ofrecidas las mismas oportunidades de vida, de desarrollo y de prosperidad. ¿Para cuándo un partido así? ¿Para cuándo un político que defienda que una línea de tren deficitaria tiene que ser mantenida para dar un servicio a los pueblos que recorre? O que cree bibliotecas y centros culturales, que promueva giras de teatro en pequeñas aldeas, que lleve la fibra y el 5G a todos los rincones. ¿Para cuando habrá un partido político que ejerza la política real, la de la gente real?

Cuando eso suceda, ahí estaré. Sergio del Molino explica muy bien lo que le ha ocurrido a todo ese vasto territorio, a la despoblación de los núcleos poblacionales que emigraron a las ciudades en los años 60 y 70 buscando prosperidad. ¿Acaso es prosperidad vivir en un mini apartamento de 60 metros cuadrados al cual y del cual tardas más de una hora para llegar a tu puesto de trabajo?

La España vacía es mucho más real que la España urbanita, en mi opinión. Y lo digo yo que siempre renegué de la vida en el campo por la dureza que implica la vida agrícola. Pero vivir, lo que se dice vivir, como en un pueblo, en ningún sitio.

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