
Pues yo que iba a empezar mi post con esta frase legendaria atribuida a una tira de Mafalda llega hoy y leo que es falsa, que Quino dijo en un momento dado que esa frase nunca pudo ser pronunciada por Mafalda.
Así que tengo que empezar mi reflexión con mucha más intención todavía de bajarme de este mundo tan agitado que nos toca vivir… ya ni a Mafalda se la respeta.
Pues eso, que se está volviendo insufrible. Que cada día es más estresante, más deprimente, más y más desolador. Que hay poca esperanza. Oye, que me quiero salir del algoritmo. Que no quiero que sea un programa informático el que decida qué músicas se me sugiere escuchar, que quiero no estar localizado en algunos momentos de mi vida de ninguna manera, cuando paseo por la playa, alejado de la tecnología, que quiero poder escuchar o leer una noticia y estar seguro de que es cierta, de que ha sido contrastada, que me gustaría saber también noticias positivas y optimistas y no solo desgracias y sucesos en los telediarios, que no puede ser que el veganismo sea el futuro de la humanidad, ni la política de la cancelación, ni el ultraliberalismo. Que no, que no, quenoquenoqueno. Oye.
El mundo se vuelve loco. Ningún país parece poder controlar a Israel, que ha rebasado todas las líneas rojas, la sinrazón y la ultraderecha campa a sus anchas por Europa, la ultraderecha de la ultraderecha en Cataluña que parece quiera volver al siglo XIV, la cerrazón de la polarización en España, donde cada lado se escora más al suyo en vez de intentar buscar consensos. La gente escapa del horror de sus países buscando una vida mejor, y aquí lo transformamos en números que vamos a sortear entre comunidades. Que lo que se aproxima al gobierno Estadounidense (que no únicamente Americano) es de traca, que ahora resulta que tenemos que pedir perdón por lo que hicieron los españoles del siglo XV, válgame el cielo… Y si tenemos que hacerlo, qué va a ser del mundo, miles de millones de personas pidiendo perdón por todos sus ancestros de lado a lado y con concomitancias en sus propios países y los vecinos. Que si Putin, que si Iran, que si Netanyahu, que si este loco, que si aquel descerebrado… Pero ¿qué le pasa al mundo?
Y lo peor, lo más alocado y desaforado, la economía. La ultra economía que no entiende de personas y que devora cual tsunami todo aquello que sea necesario por el bien del sempiterno beneficio. El precio del oro disparado, las bolsas en estado latente, esa economía que se supone que mantiene al mundo, pero que no existe, que es irreal y solo permanece en las redes, porque no hay nada físico. Que dependemos de que un simple fallo en un botón, en un cable submarino, acabe con el funcionamiento de media humanidad en esta parte del mundo. ¿Es normal y digerible que los datos de beneficios bancarios hables de decenas de miles de millones de beneficio en algunos bancos? Pero ¿a quién le han quitado ese dinero para tener semejante montaña de beneficios? Alguien lo ha tenido que perder, claro, nosotros, los mortales. Y que luego venga Hacienda con una reclamación porque 190 euros de IVA no cuadran en una factura de hace 15 meses… para no echar gota. Y más, Alvise, madre mía que le han votado más de 800.000 personas, lo perdidas que deben estar… y los milmillonetis que pagan una fortuna por volar al espacio, y el Alzheimer que cada vez golpea décadas más jóvenes…
Y además las catástrofes, incendios (he estado a 20 metros de uno que cortó cuatro carreteras), inundaciones, de las que me he librado por los pelos, calor extremo, huracanes. La naturaleza se revela contra los parásitos que la habitamos. Y con razón.
Tantas cosas que mi raciocinio no alcanza a comprender. De verdad, es que intento entenderlas pero me superan. No puedo, no llego a alcanzar las verdaderas motivaciones, las raíces en las que se sustentan tantas decisiones del ser humano…
Y por eso me quiero bajar, oiga usté. Páremelo un poco el mundo, que me bajo, al menos a respirar, a ensanchar los pulmones, a leer a Mafalda, aunque sea unos minutos, de verdad…
