
https://www.youtube.com/watch?v=tIYxEg-5lS8
Pues parece que aun a mis 54 mi capacidad de asombro sigue viva. En esta ocasión con eso que los modernos llaman el tardeo, que para mí era quedar sobre las seis de la tarde con los amigos para tomar unas cervezas en plan tranquilo, en una terraza u otro lugar donde se pudiera charlar y terminarlo antes justo de la cena.
Pues resulta que no, que eso es para abueletes. Que el verdadero tardeo empieza a las cinco y media. Tú vas caminando tranquilamente por el centro de tu ciudad a esa hora en la que hasta las chicharras están durmiendo, en absoluto silencio y sin casi actividad un sábado por la tarde, cuando ni las tiendas han abierto, y llegas a una puerta, una puerta a otra dimensión, la del verdadero Tardeo.
Y al entrar, te sumerges en otro mundo, en una burbuja de completo frenesí. Música a volumen brutal, que no permite ni escuchar al que tienes al lado, gente por doquier bebiendo cócteles y bailando como si tuvieran menos de treinta, cuando en realidad superan largamente los cincuenta, iluminación estroboscópica y camareros que podrían ser tus hijos mirándote con cara de póker cuando te pides una simple cerveza.
Dublin House es el lugar, ausencia de ventanas, como digo volumen estratosférico y un escenario preparado para recibir al grupo que actuará a las seis de la tarde. El despertar del silencio, grupo tributo a los Héroes del Silencio.
Y allí estamos mi mujer y yo, rememorando nuestra juventud, ya que prácticamente nos conocimos en La Estación del Silencio, antiguo garito de los auténticos Héroes del Silencio en Zaragoza, cuando todavía no habían triunfado, y nos pegábamos allí las tardes de domingo escuchando buena música, charlando y bebiendo. Cuando de repente empiezo a escuchar una melodía, es casi como una letanía, no consigo recordar la cantante que la interpreta, lenta, lánguida y acompasada. Pero sí identifico algo muy importante. ES la misma melodía que los verdaderos Héroes utilizaban antes de comenzar sus conciertos. Ese detalle me da la medida de lo buenos que van a ser quienes van a actuar. Un detalle pequeño pero muy significativo. Sin pensarlo, nos adelantamos a primera fila de escenario y recibimos al cantante que arranca un concierto demoledor.
Nuestros nombres, uno de los singles que más me gustó de la época que no me gustó de los Héroes me convence. Suenan muy bien, compactos, afinados, el cantante tiene mucho carisma. No tiene el pelazo de Enrique Bunbury pero a quién le importa. No le hace falta. Porque lo que sí tiene es la voz.
Siguen con canciones del primer disco, de El Mar no cesa, con el que saltaron a la fama, Flor venenosa o Mar adentro. ES la época que me gusta de los Héroes. Simplemente escuchar los acordes de esas canciones me llevan a 1989, a cuando conocí a Laura y nos hicimos novios, a una época que para mí fue de las mejores de mi vida, en la Universidad y viviendo una completa libertad.
Soy feliz. Disfruto, me doy cuenta de que me sé casi todas las letras y canto, lo hago sin vergüenza y bailo y me siento feliz en un concierto al que no tenía previsto asistir.
He olvidado el volumen brutal, el micromundo en el que nos hemos introducido por aquella puerta y que son las seis y media de la tarde. Simplemente, me he trasladado a mi juventud, cuando el tiempo no tenía tanto valor. Y El despertar del silencio nos conquista por su gran actuación, su cantante, el sonido de sus rifs y la elección de temas. De 10. Para nosotros, un gran día que repetiremos cuando vuelvan a tocar a Castellón.
