
Sí, lo estoy haciendo, quitándome del móvil, recuperando la vida, el tiempo y el sosiego.
Porque no nos damos cuenta, o quizá sí, pero poco a poco va consumiendo nuestra intimidad, nuestro descanso, nuestra atención, y nuestra salud mental. Pasamos horas y horas enganchados, mirando pantallas minúsculas, subiendo clips hacia arriba en Tik Tok cada 2 segundos (¡2 segundos!), leyendo únicamente titulares de periódicos (Una frase… y queremos estar informados…), observando fotos inverosímiles modificadas con filtros, retoques, iluminaciones y demás aditamentos que las hacen por completo irreales.
Además de lo dañino de todo lo anterior para el equilibrio humano, nos afecta físicamente: dolores cervicales por estar con la cabeza en posición agachada, vista reseca por tanta pantalla retroiluminada, pulgares hiperactivos y a saber cuánta electricidad estática y ondas varias rodeando nuestro cerebro.
Son demasiadas horas que dedicamos a algo sin sentido y muchas las que dejamos de hacer otras cosas que tradicionalmente hemos disfrutado y con las que nos iba seguramente mucho mejor.
Así que yo he decidido quitarme, sí, poco a poco. He empezado a hacerlo y he comenzado a recuperar las vistas de los paisajes cuando voy en coche, el placer de la lectura en papel en mis trayectos en tren, la observación de los pájaros sentado en mi terraza, al despuntar el alba, la tranquilidad del atardecer junto con el placer de la conversación en nuestros paseos por la playa. También el pleno disfrute de las cenas con amigos sin fotos, sin selfies, sin posts en Instagram, ni stories ni nada de nada (cuántos palabros en inglés…). Sólo compartir el momento, charlar, degustar un buen vino y el placer de la compañía.
Y, por encima de todo, he recuperado la reflexión. ¡Qué importante es dedicar un tiempo de tranquilidad a la reflexión personal!, a pensar con calma en tus cosas, a imaginar, a plantear deseos, objetivar situaciones, anhelar futuros o recordar buenos momentos de nuestro pasado.
Y, por supuesto, el silencio. Alguien dijo que una parte fundamental de la música son los silencios que complementan las notas musicales. ¡Qué importante es el silencio! ¡Cuánto bien nos aporta, o al menos a mí!
Ya he comenzado el camino, la desintoxicación deberíamos decir, sin temor a exagerar. La recuperación del yo, del nosotros, de la vida real.
