Hace unos meses escuché a un presentador de radio contar que había fallecido Cormac McCarthy, uno de los padres de la novela americana (dijo él), estadounidense (diría yo), le llamó él, de quien yo jamás había oído hablar. Despertó mi curiosidad la forma en que elogiaba su calidad narrativa y todo cuanto contó de su carrera que le llevó en sus últimos años, justo antes de fallecer a ser incluso guionista de Hollywood y la verdad es que me animó a leer algo suyo.
Finalmente, tras varias lecturas que tenía pendiente me decidí por La carretera, la novela con la que ganó el Pulitzer literario en 2007 en la categoría de ficción, entre otros galardones.
La verdad es que La carretera nos ofrece un relato post-apocalíptico en el que la humanidad ha sido arrasada (sin especificar por qué o debido a qué) y en el mundo que queda, un padre y su hijo comienzan la andadura a través de una carretera que parece ser el eje vertebrador de toda la novela. A través de ella avanzan escapando de algo que el lector desconoce y a ella acuden los malos y los peligros de los que el padre siempre previene y cuida a su hijo. Por ello deben ir escondiéndose fuera de la carretar y solamente utilizarla para continuar su andadura hacia un lugar que tampoco se explica más allá de indicar como el mar. No hay ninguna referencia de hacia qué mar o por qué quieren ir allí y, sobre todo, para qué. ¿ES aquel punto final la salvación? ¿Hay un reducto de vida?
La verdad es que la novela plantea muchísimas reflexiones filosóficas sobre la supervivencia, el sentido de la vida, el futuro, la incertidumbre, la lucha contra uno mismo y contra la adversidad y la protección de la familia.
Es enternecedor el enorme sentido común que muestra en muchos diálogos el hijo, a veces con mayor clarividencia que el padre, y muy tierno el afecto y protección mutua que se profesan.
Las sensaciones y emociones que se sienten durante la lectura van cambiando hasta llegar el momento más triste que hace soltar alguna lágrima, algo complejo en una trama de pura ficción post-apocalíptica.
Ha coincidido que he llevado a cabo su lectura íntegra durante un trayecto por una carretera tremenda entre Dhaka y HObiganj, dos ciudades de Bangladesh, en la que hemos podido toparnos con todo tipo de situaciones, tráficos, vehículos y personas, y en cierto modo en algunos momentos he sentido yo también que estaba en un escenario apocalíptico de pobreza y podredumbre.
Luego he descubierto que en 2009 se rodó la película correspondiente y que Cormac McCarthy es autor también de la archipremiada No es país para viejos, que luego en su versión cinematográfica otorgó el primer Óscar a Javier Bardem.
Todo un mundo, la verdad. Me ha impactado mucho esta lectura. La verdad es que ahora entiendo a aquel locutor de radio que tan elogiosamente habló de su autor. Me ha gustado y convencido. Una de mis mejores lecturas de 2024.


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