
Con esta pregunta me contactaba ayer mi gran amigo Attila, un señor turco que ha rebasado los 85 años de edad y con el que estuve viajando de forma continua por motivos de trabajo entre 2000 y 2011 por Turquía, Siria, Jordania y Líbano.
Aquellos eran otros tiempos, claro está. Recuerdo viajar a Damasco, en muchas ocasiones, hacer nuestras visitas a los clientes que teníamos en Siria y luego alquilar un coche y cruzar a Líbano para continuar allí con las visitas. O acudir al norte, a Aleppo, también en coche, conduciendo nosotros y detenernos en Hama a comer un excelente shawarma. También visitar a mi gran amigo Abdel Karim en su casa, del barrio de refugiados Yarmouk camp, en el que se respiraba una densidad de vida y felicidad encomiable, y por supuesto visitar Maalula, el último reducto sobre la tierra donde todavía se hablaba arameo, la lengua de Cristo.
Siempre quedarán para mi recuerdo las cenas en el restaurante Old Town del barrio cristiano de Damasco, en el que un sirio con mucho poderío nos obsequiaba tocando el saxo en directo, en medio de un ambiente distendido, cordial y muy agradable, mientras tomábamos una copa de excelente vino libanés.
Pues la pregunta tiene su enjundia. Attila, gran amigo, con quien mantuve muchas charlas de sobremesa, después de cenar, sobre geopolítica, economía, literatura y arte. Horas de eso que ahora se ha perdido, la conversación, y no sobre temas triviales o nimiedades. No, charla con enjundia, con criterio, y con pasión.
¿Qué le va a pasar a nuestra Siria? Sería más bien la pregunta. Porque pasados ya 13 años de guerra (mi último viaje fue en noviembre de 2011, cuando habían comenzado las revueltas de lo que mal se llamó las Primaveras Árabes), el lío que se ha montado en el país es tal que no tengo muy claro quien ataca a quién, qué país apoya a cuál o cuál es el grupo que surge y lucha por lo que considera su verdadera Siria. Lo que sí parece claro es que ahora se plantean como tres alternativas de futuro: Los que quieren unas elecciones libres y democráticas (con pocas posibilidades de triunfar), los que quieren establecer un califato radical basado en la instauración de la Sharia, y los que quieren un estado islamista que permita la existencia de minorías religiosas y que dé alas a grupos como los Kurdos.
La verdad, la complejidad y la incertidumbre son tales que solo Dios, si es que hay un Dios que sigue acordándose de esa parcela de la tierra donde comenzó parte de la civilización, ayudará a que Siria no siga destruyéndose en su interior como un azucarillo.
Ayer veía en las imágenes del Damasco liberado por los rebeldes del HTS, con su líder dentro de la mezquita de los Omeyas, en la que yo mismo he estado varias veces, y parecía que se respiraba felicidad y libertad, pero claro, una libertad muy distinta al concepto que tenemos en Europa de la misma.
Yo siempre me planteo si un dictador blando como Bachar el Asad era (y quizá todavía es) necesario en países como Siria. Quiero decir, si no es el mal menor. O la mejor de las opciones posibles para que un país exista. Si me atengo a mi propia experiencia, durante los once años en que visité el país jamás tuve un problema. Todo lo contrario, la convivencia de cristianos con musulmanes era natural, los occidentales podíamos pasear tranquilamente y a cualquier hora del día o la noche por todos los barrios, acudir a pie a los restaurantes, vivir la vida social y cultural de la noche de Damasco o acudir al cine, por poner pequeños ejemplos de vida cotidiana. Los negocios se desarrollaban con normalidad, la actividad comercial entre Siria y España era fluida y había un gran entendimiento entre nuestras culturas.
Como siempre que hablamos de un dictador que lleva décadas en el poder, para un ciudadano normal, que lleva su vida normal, con su negocio, su trabajo, su familia, que no se mete en política, que no es activista, ¿realmente vive tan mal con un régimen establecido como el que había en Siria? Yo, demócrata convencido, tengo mis dudas. Pero ¿es justo pensar así? ¿Acaso no tiene derecho la sociedad Siria a desarrollarse como considere y decida para su futuro? ¿Tenemos la prepotencia, desde Europa o desde el mundo occidental en general para calificar y criticar lo que se haga en aquel país desde nuestra atalaya de comodidad y seguridad?
La verdad, es muy difícil responder a estas preguntas y espero que el futuro inmediato permita a la sociedad Siria evolucionar hacia un escenario sin guerra, donde los que tuvieron que huir durante los 13 años de guerra puedan regresar, reencontrarse con sus familias y volver a reconstruir un país que durante mucho tiempo he pensado que jamás volvería a poder visitar.
