
Siempre es un placer visitar el MACBA cualquier mañana de fin de semana en Barcelona. En este excelente museo se unen el placer al pasear por el barrio en el que está situado, con sus contrastes de generaciones, tribus urbanas y urbanismo contrapuesto, al de las colecciones temporales y permanentes.
En esta ocasión mi interés partió por conocer una serie de mujeres artistas de la segunda mitad del siglo XX españolas. Concretamente me llamaron mucho la atención siete, con obras tanto pictóricas como escultóricas o escénicas.
Lucía Nogueira trabaja con los objetos cotidianos de nuestra vida, dotándolos de identidad propia al cambiar sus escalas y también al modificar el punto de vista desde el que los observamos. Lucía saca los objetos de su contexto habitual para convertirlos en protagonistas ligeros a través de los cuales podamos transitarlos.


Lucía C. Pino trabaja con distintos materiales, con metales y experimenta con esculturas que profundizan en la identidad no binaria. También realiza diálogos con la literatura anglosajona elaborando piezas deconstruidas con multimateriales de gran impacto.

Susy Gómez apuesta por la identidad femenina y la expresa en sus cuadros a través de objetos cotidianos. Por ejemplo, en su obra El flujo del amor utiliza dos elementos de la vida, como es una lágrima o una bufanda para explorar la identidad de la mujer y profundizar en sus sentimientos en dos cuadros de gran formato.

Charo Pradas utiliza el círculo como elemento central en la deconstrucción de un cuadro abstracto a partir de lo geométrico. Se define como una artista que ha abandonado la pintura vertical y podemos ver que la desconcentración de sus propuestas nos lleva a la meditación.

Eva Fábregas y su obra OOZING desborda los espacios mediante una criatura creada con elementos hinchables que nos obliga a observar como un todo. Las protuberancias del ser orgánico creado nos hacen pensar en el espacio y en cómo lo geométrico de una sala de arte puede ser muy relativo.


Teresa Solar Abboud nos propone criaturas surgidas de una fusión entre lo geológico y lo industrial, con aspectos de geometría abstracta, que a veces nos llevan a la prehistoria y otras a la más absoluta modernidad, con texturas sedosas y formas curvas perfectas. Hipnóticas.



Mari Chordá nos propone una abstracción sencilla en su factura, pero compleja en su significado. Activista de la imagen, el lenguaje y la acción social nos traslada a un mundo particular en el que la lucha por los derechos de la mujer se refleja en sus composiciones.



