
Con motivo de la celebración de un cumpleaños en la familia, como viene siendo ya habitual acudimos al teatro. En esta ocasión a uno que no habíamos visitado nunca, el Teatro Flumen de Valencia.
Se representaba un clásico de Agatha Christie: Asesinato en el Orient Express. Teníamos mucha curiosidad por ver cómo se había adaptado la escenografía de una obra que transcurre en los vagones de un tren a un espacio estático como es un escenario de teatro. Y la verdad es que nos resultó muy interesante. Para nada estático, con al menos 4 escenarios distintos que se conseguían mediante la modulación de los elementos de cada uno de ellos con una velocidad pasmosa.
Bien es cierto que acudir a la representación de cualquier obra de Agatha Christie es sinónimo de acierto siempre, y en esta ocasión así fue. Juanjo Artero en la piel de Hércules Poirot y todo el elenco (un total de 10 actores) bordaron una obra dinámica, llena de misterio y que nos dejó por momentos con el alma en vilo. Tanto en su comienzo como al final el escenógrafo consigue crear el ambiente tenebroso del frío Estambul, realmente nos parecía estar en aquella estación a punto de tomar el Orient Express nosotros mismos.
Siempre me resulta fascinante descubrir lo que despierta una obra de Agatha Christie. Mi hijo adolescente y mi mujer no habían leído la novela y elucubraban todo el rato sobre quién podría ser el asesino.
Todo en esta función está brillante. La escenografía, la ambientación de la época, la dicción de los actores, las caracterizaciones, la tensión narrativa que consigue el director con los ritmos y los silencios y un final explicativo sobre lo que sucedió con cada uno de los personajes que nos dejó la piel de gallina.
La ovación final, casi diez minutos ininterrumpidos de aplausos, con el público en pie fue todavía más emotiva al ver lágrimas en los ojos de Juanjo Artero que no pudo evitar emocionarse.
Una tarde inolvidable para una obra maestra. Ojalá vengan muchas más representaciones así porque las disfrutamos en familia al máximo.
