
Comienzo mi crónica de esta fantástica función con una frase que dice hacia el final el personaje de Cristina Plazas:
«Todos merecemos tener alguna contradicción».
Me parece una frase resumen de la trama brutal. ¿Qué puedo decir de Les Bàrbares? Muchas cosas buenas. La primera es que por primera vez me he decidido a asistir a una función teatral en catalán, en verdad es catalán y español a partes iguales sin que suponga ninguna barrera, sino que fluye de forma completamente natural como si fuese un único idioma. Me ha gustado tanto que voy a empezar a dejar de perderme joyas teatrales que yo (erróneamente) apartaba por el tema del idioma. La segunda es disfrutar de espléndidas actrices como Francesca Piñón (gran descubrimiento para mí, me ha impresionado su actuación), Berta Gratacós y su espléndida voz, Cristina Plazas, a quien ya he seguido en otras series de TV y que me parecía un actriz muy sólida y María Pujalte, de quien soy fan total desde los tiempos de Siete vidas, pasando por Los misterios de Laura o Merlí.
¡Qué buena tarde pasé anoche, la verdad! Después de una semana intensa, estresante y agotadora, en hora y media de función conseguí un borrado absoluto y un nivel de felicidad poco habitual en mí.
Les Bàrbares propone un diálogo de tres amigas que se reúnen en un hotel para homenajear a una cuarta, recientemente fallecida, quien ha propuesto que lo hagan para reflexionar sobre sus vidas, sus renuncias como mujer, sus logros y sus interioridades que se van revelando a lo largo de la función. Me parece un texto brillante, cargado de verdades como puños y que interpela al espectador, sí, también al espectador masculino, aunque sea una función protagonizada por mujeres, a echar la vista atrás y reflexionar sobre cómo ha sido nuestra vida y qué decisiones tomamos en su momento que la han marcado y para qué.
La función tiene muchas dosis de humor, humor inteligente, constructivo, con esa vis cómica que tiene María Pujalte que dice las cosas como si nada, pero que te despierta la carcajada, y también Francesca, con la contraposición del carácter más dramático del personaje de Cristina.
Las notas musicales son perfectas, canciones clásicas de Mari Trini y otras grandes cantantes versionadas con la fantástica voz de Berta que nos inducen a bailar, como en la actuación final, en la que era imposible permanecer sentado.
Para mí, una actuación de 10. Cien por cien recomendable, para olvidar los problemas, para desconectar del mundo acelerado en que vivimos, para reflexionar, para disfrutar y ser feliz durante unos minutos. ¡Enhorabuena!


