María Oruña consigue siempre con sus novelas crear en mi como lector un adecuado equilibrio entre expectación y calma lectora. Es algo difícil porque normalmente cuando leemos un thriller o una novela negra, siempre estamos esperando descubrir qué es lo que ha sucedido y por qué, como si fuésemos el investigador o el inspector que lleva a cabo la investigación.
En Donde fuimos invencibles la teniente Valentina Redondo debe investigar la muerte del jardinero del antiguo Palacio del Amo que ha aparecido muerto, en Suances. La investigación nos llevará de la mano a través de una historia contada en dos rangos temporales: el presente, la investigación policial y todos los misterios que rodean al Palacio del Amo y su actual propietario, Carlos Green, heredero y escritor de novelas norteamericano, y la propia novela que él está escribiendo, autobiográfica y en tiempo anterior, que de alguna forma nos ayuda a comprender algunos porqués del presente.
En la trama suceden apariciones paranormales, y un investigador de fenómenos poco explicables, junto con su profesor, escéptico, llegarán a realizar análisis de los mismos, para desentrañar si tienen certitud o no.
Las transiciones de una historia a la otra la hacen sumamente interesante y llevan al lector de la mano del escritor, Carlos Green a conseguir las explicaciones a muchos de los fenómenos que suceden.
Valentina es también una investigadora con rasgos muy bien definidos, una mujer fuerte, con las ideas claras y con un claro objetivo y forma de actuar.
El Palacio del Amo es, por supuesto, un gran protagonista. Una mansión llena de rincones magníficos que ambientan la novela y nos sumergen en ese ambiente oscuro, húmedo y por momentos terrorífico en uno de los grandes aciertos de esta novela.
Un punto adicional, sentimental para mí, es que se nombra a Belchite, mi pueblo. Me pregunto si María Oruña lo habrá visitado, sería bueno preguntarle en ese caso qué le transmitió.
Me gustan mucho también las explicaciones finales de María, donde nos dice la parte de verdad que hay en la historia, consiguiendo de esa forma una redondez todavía mayor.
Una buena lectura para este final de invierno tan lluvioso.

