LAS MALAS – mi crónica de lectura

La primera vez que escuché hablar sobre esta novela y su autora, Camila Sosa Villada, fue en el programa Late Xou de Marc Giró, cuando en una entrevista habló de su relación de amistad con ella. Me pareció interesante lo que comentaron y me decidí a comprar la novela y llevármela a mi último viaje a Vietnam.

Lo que más me ha sorprendido de esta novela es la naturalidad con la que su autora cuenta la espiral de violencia, de turbidez y de inhumanidad que vivió en sus propias carnes, por el mero hecho de decidir buscar y alinear su identidad con su cuerpo. Pasó de espiar a las travestis del Parque Sarmiento, vestida con aquello que podía coser ella misma con retales, cortinas y otras telas que encontraba en su casa, a escondidas de su padre y un maquillaje mal aplicado, burdo y sin conocimiento, a conocer un mundo que luego llegaría a ser el suyo propio.

La siguiente sorpresa es la tía Encarna, una travesti madura que actúa como madre, benefactora, sargento y solucionadora de vidas, cuando la suya propia transita por la necesidad de sentir la maternidad con esa maravilla de niño que es Brillo en los Ojos, y que encuentran en un vertedero. Me gusta mucho el perfilado de este personaje porque dice las cosas bien claras. Es tajante y dura cuando debe serlo, pero tierna y comprensiva cuando ve que la travesti que tiene en frente lo necesita. Tampoco le gusta adormilarse en el drama y es valiente al reivindicar la fiesta, la fiesta de ser una travesti.

Hay un doble escenario temporal: la actualidad, y su vida en el parque Sarmiento y en la casa de la Tía Encarna, durante el cual Camila nos narra episodios de violencia extrema, incluso la aparición de cadáveres de compañeras, el temor por el SIDA y por los golpes y ataques furibundos de clientes perdidos por el alcohol y la cerrazón, con una infancia en la que tuvo que buscar su camino y su identidad en medio de una montaña de impedimentos, con un padre alcohólico y una sociedad que no entendía, o no estaba quizá preparada, para entender la diversidad que hoy consideramos (o deberíamos) normal.

Hay episodios cercanos al realismo mágico, como la mujer pájaro, o una chamana que cura el alma y los males del cuerpo con sus imposiciones de manos, que aportan tintes de color y hedonismo a la tragedia que se narra en la novela.

Aunque la normalización de la transexualidad está en proceso de composición en el mundo que vivimos, la perspectiva desde la visión de las travestis es ligeramente distinta. Me ha resultado muy interesante esa perspectiva, arriesgada, vital, sin edulcoramientos y con raíces de auténtica literatura.

Para huir de las historias de Disney, de las novelitas que se fabrican en serie para conseguir macroventas y que suelen destilar un tufo buenrrollista, que atiborran los escaparates de las librerías en Navidad.

Literatura real, descarnada, y sumamente interesante. Gracias Marc Giró, por habérmela descubierto.

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