
Bien es sabido que en esta vida tan acelerada que llevamos todos el disfrute de cualquier pequeña cosa que nos suceda ha de pillarnos en el momento adecuado. Han de fundirse el qué con el cuando para que ese disfrute sea mayor.
Así llegó a mis ojos y oídos esta función que se estaba representando en el Teatre Apolo de Barcelona: TODOS PÁJAROS, del autor libanés Wajdi Mouawad.
Empecé a indagar un poco sobre el argumento, la escenografía y la dirección técnica y descubrí que se trataba de una obra cuya protagonista principal, Leah, estaba destinada a la gran Nuria Espert, y cuya dirección teatral corría a cargo de Mario Gas. Fueron para mí dos factores suficientemente importantes para decidirme a comprar una entrada.
Finalmente, Nuria Espert no pudo realizar la función teatral por un problema de salud y fue sustituida por otra grande, Vicky Peña, que es para mí la joya de esta función.
Acudí un día entre semana, un jueves, y la sala estaba casi llena. Con las luces encendidas, salió a escena la regidora de la función. Se presentó en catalán y luego cambió al castellano para pedirnos que apagásemos los móviles y explicar que la función tenía una primera parte que duraba una hora y tres cuartos, después habría un receso de quince minutos y luego otra hora y cuarto más de función. Un espectador la increpó y le pidió encarecidamente que lo dijese todo de nuevo en catalán. Yo me quedé estupefacto porque la función se representaba en castellano, claro está, razón que ella misma adujo y que explicó por qué lo había hecho así. Nunca había experimentado un comienzo igual en un teatro en Cataluña… así vamos.
La función es brutal. El elenco habla por sí solo.
Eitan – ALEIX PEÑA MIRALLES
Wahida – CANDELA SERRAT
Leah – VICKY PEÑA
Etgar – MANUEL DE BLAS
David – PERE PONCE
Norah – ANABEL MORENO
Eden – LUCIA BARRADO
Wazzan/Rabino – JUAN CALOT
Enfermera – NÚRIA GARCIA
Médico/Camarero – PIETRO OLIVERA
Eitan es un joven alemán nacido en una familia judía religiosa. Su padre David (Pere Ponce, un poco sobreactuado en mi opinión) nació en Israel y emigró cuando tenía siete años con su padre Etgar (otro grande, Manuel de Blas) y su madre Léah. Cuando David tiene más o menos diez años, Léah le pide el divorcio a su marido y se va de Berlín dejando a David en un profundo sentimiento de abandono. A la edad de 25 años, David se casa con una judía de Alemania del Este, Norah (Anabel Moreno gran descubrimiento para mí) con la que tendrá a Eitan.
Veintidós años más tarde, Eitan se va de Alemania a Estados Unidos para llevar a cabo su tesis doctoral. Se enamora de una joven americana de origen marroquí, Wahida, estudiante de historia, que está haciendo la tesis sobre un musulmán del siglo IX que se transforma al cristianismo.
Durante el Pessah, la familia de Eitan deciden visitarle y Eitan quiere presentarles a Wahida pero su padre reacciona de manera muy violenta y rechaza a la joven por su origen árabe.
Eitan, en su ira, reniega de su padre. Después de su salida, extrae muestras de ADN de los restos de la fiesta convencido de que no puede ser el hijo de su padre. Pero los resultados lo confirman. Es, sin duda, su hijo. Sin embargo descubre una cosa que no hubiera esperado nunca: su padre no es hijo de su abuelo. Eitan se queda pasmado. ¿Su padre lo sabe? ¿Y su abuelo? Sólo su abuela puede contestar, Léah, esta mujer que no conoce, pues se volvió a Israel.
Entonces decide hacer este viaje con Wahida. Será para ella la ocasión idónea para investigar en la biblioteca de Jerusalén en su propia tesis. Comienza un viaje de autoconocimiento que será para todos los personajes una revelación a través de la historia familiar en donde se entrecruzan el pasado y el presente.
La trama explica muy bien cómo el conflicto musulmán / judío está imbricado en unas raíces que se han retorcido tanto que llegan al absurdo del conflicto por sí mismo. Sin atender a la lógica, a la cercanía de las personas, el odio por el diferente, por el contrario, por el enemigo, es más fuerte que cualquier lógica humana y hace que en un entorno familiar se destruya la convivencia. Si algo así sucede en una unidad familiar, imaginemos los dramas y tragedias que ocurren a diario en el seno de todo un país.
El genocidio de Israel narrado fríamente por los medios de comunicación en estos días es execrable. No hay ninguna posibilidad de agarrarse a ningún argumento, ni sanguíneo, ni histórico de ningún tipo. Es una masacre y un exterminio de un país, Israel, hacia otro, el palestino. Cualquiera que quiera negarlo estará negando una evidencia que, afortunada o desafortunadamente por los tiempos en los que vivimos, quedará grabado al detalle en las redes sociales y en miles de videos y testimonios de tal masacre.
Solo nos queda rezar, tal vez, incluso a los no creyentes, para que ocurra algo, un hecho diferencial que acabe con la ocupación israelí y devuelva la paz algo que, me temo, con la situación internacional absurda y desmesurada que nos toca vivir, tardará tiempo en llegar.
Aún así rezo.
