Siempre que leo una novela que ha sido premiada me pregunto cuáles han podido ser las razones para conseguir el galardón. Ya sé que algunos concursos literarios… no diré nombres… se mueven bajo otras coordenadas, comerciales, de intereses etc… pero aun así considero que la novela que recibe un premio ha de estar asentada en ciertas bases que la hagan merecedora del premio.
Un caso interesante de analizar es el de los finalistas del premio Planeta. Ya sabemos que los ganadores son otra liga, pero los finalistas suelen tener mucho más interés.
En este caso acabo de terminar de leer Fuego en la garganta, de la finalista de este año, Beatriz Serrano, una escritora completamente desconocida para mí. Alguien me comentó que la novela “me gustaría” y “no me gustaría” al mismo tiempo, algo que no supe interpretar y con lo que, una vez terminada, estoy plenamente de acuerdo.
Y es que me parece que la trama transita por demasiados temas, algunos de ellos profundos y concienzudos como la salud mental, el acoso escolar o la suplantación de personalidad en redes. Aunque Fuego en la garganta recorre la infancia y adolescencia de Blanca, una chica diferente al canon establecido, la estructura elegida de tres partes te aleja, en cierto modo, del hilo argumental.
En la primera parte se explica bastante bien todo lo que supone la vida arrinconada de una adolescente que no encaja. En qué se encierra, cómo se salva del aislamiento, qué mecanismos utiliza para relacionarse y cómo es su vida familiar. Diría que es la mejor parte de la novela, con personajes muy bien caracterizados.
Después la novela salta a una especie de diario que la madre de la protagonista, desaparecida sin que el lector sepa por qué de su vida, escribe en sus sesiones de terapia con el psiquiatra al que acude. Seguimos sin saber muy bien dónde está y por qué la madre y aunque se puede establecer que las razones que pueden justificar su desaparición son mucho más complejas de lo que imaginábamos, no deja de convertirse en una sección un poco aburrida y lenta. Aquí tuve el primer amago de abandono de lectura.
La tercera parte es la más prescindible en mi opinión. Un batiburrillo de historias en la que a la autora se le va literalmente la cabeza y convierte a Blanca en una especie de chamana curandera de poderes ocultos, que se dedica a sanar por las tierras de España en un convento de monjas, a una especie de familia desquiciada o simplemente fuera de la realidad.
Es esta tercera parte la que me ha sacado totalmente de la novela y no he llegado a comprender muy bien.
Resultado final de mi lectura tres historias muy deslavazadas que podrían ser los gérmenes de tres novelas pero que juntas me resultan extrañas y, en cierto modo, aburridas.

