El lago de los cisnes

Una de las ventajas de vivir intermitentemente en Barcelona es que se puede disfrutar de su actividad cultural sin sufrir en demasía los excesos del turismo y los embotellamientos.

Imaginemos un miércoles cualquiera, en el que juega el Real Madrid el mundialito de clubes en prime time y sin embargo, más de cien personas elegimos acudir al teatro Apolo a presenciar El Lago de los Cisnes, el ballet clásico de Tchaikovski que ponía en escena el Ballet Clásico de Cuba Laura Alonso (hija de la gran Alicia Alonso). Verdaderamente esperanzador y seguramente imposible en cualquier otra ciudad mediana de la España interior.

Ya había podido disfrutar del ballet de la compañía cubana en otra ocasión, El Cascanueces, y la elegancia y oficio de sus bailarines siempre me maravilla. El argumento de El Lago de los Cisnes es muy interesante. Narra la historia de amor entre el príncipe Sigfrido y la princesa Odette, convertida en cisne por un hechizo del mago Rothbart. Sigfrido tiene que elegir esposa y en la fiesta de la corte organizada para ello es engañado por el mago y su hija Odile, haciéndole creer que ella es Odette y jurándole amor eterno. Al darse cuenta de su error, Sigfrido busca a Odette para pedirle perdón pero es demasiado tarde. Finalmente, ambos se sacrifican para, mediante esa unión en la muerte, romper el hechizo del mago y liberar a los demás cisnes.

Este ballet clásico tiene una estructura en cuatro actos y algunos bailes memorables como los 32 fouettés consecutivos de la bailarina principal o los solos del bailarín principal.

Es una obra que yo escuchaba cuando era muy joven, apenas tendría 12 años, en las versiones arregladas por Luis Cobos. Era casi la única forma que tenía yo en Belchite de acercarme a la música clásica y la escuché tantas veces, que casi me la sé de memoria, algo que descubrí este miércoles mientras disfrutaba de la actuación de los bailarines.

Disfrutar de un espectáculo de ballet clásico, con más de 25 bailarines en el escenario, una obra clásica, perfectamente coreografiada y con un respecto máximo del público es un acto de fe en que el ser humano está por encima de inteligencias artificiales, guerras y políticos de tramas oscuras. Realmente, esta semana, lo necesitaba. Necesitaba el oxígeno que una obra de arte como es esta actuación me ha proporcionado. Me siento sanado, más optimista, más esperanzado. Y eso bien vale un ballet.

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