EL LOCO DE DIOS EN EL FIN DEL MUNDO – mi crónica de lectura

Soy un lector incondicional de Javier Cercas desde hace bastante tiempo, creo que mi primera lectura fue Anatomía de un instante, un ensayo en forma de crítica que me atrapó a Cercas como lector y al género de no ficción como admirador. Y luego por supuesto he leído todas sus publicaciones posteriores.

Así que cuando publicó este, su último libro, con el rimbombante título de El loco de Dios en el fin del mundo, me pareció que sería un ejercicio curioso entre el documental, el ensayo y la crónica periodística y decidí comprarlo.

Partí de la base, para su lectura, de lo que soy hoy en día, un católico de nacimiento y de sacramentos devenido en agnóstico por la aplicación de la razón, aunque con un poso de pasión por la fe que quizá algún día recupere (no pierdo la esperanza, porque en el fondo creo que es más afortunado quien cree que quien no lo hace).

Pues bien, a todo esto, le añadimos que el libro narra el viaje del papa Francisco a Mongolia nada más y nada menos. Un papa que, aunque no lo he seguido tan de cerca como un católico practicante, sí me ha parecido interesante, arriesgada y muy acertada su dirección de la iglesia en estos 12 años, así que todavía despertó más mi curiosidad. Y para rematar la jugada, el Papa se va a Mongolia… donde apenas hay 1500 católicos declarados. ¿Por qué? O más bien debería preguntarme ¿Para qué?

El libro nos responde bastante bien a estos interrogantes, arroja luz sobre mucho del apostolado de Francisco, sobre su historia previa al papado y sobre su carácter. Es esta parte la que más interesante me ha parecido del libro. Pero claro, no es una biografía, es la crónica de un viaje papal, y como tal el relato se ha nutrido de muchas conversaciones con personas en torno al papa y con descripciones de cómo es el día a día del catolicismo y el cristianismo en buena parte de Asia. Es en esa parte en la que hay momentos de dispersión donde se pierde un poco el interés para mí como lector.

Si tuviera que resumir todo lo que he aprendido sobre Francisco diría cosas como estas:

  • Defendió claramente el anticlericalismo, como forma de acabar con la corrupción en la iglesia.
  • Fue un Papa de extrarradio, en el sentido de que dedicó sus viajes a visitar las comunidades más alejadas del egocentrismo vaticano, las que probablemente más necesitaban su apoyo.
  • Defendió siempre el papel de los misioneros (él mismo quiso serlo)
  • Colocó en el centro la figura de Jesús y sus enseñanzas, y el apoyo y la lucha por la defensa de los pobres, de los desfavorecidos, los marginados, y los sectores más necesitados de la humanidad.
  • Puso en práctica (en todos los ámbitos posibles del papado) la sencillez y la humildad. Hay una frase que me parece rotunda y que casi serviría como subtítulo a este libro: «Ser humilde sale a cuenta». Un valor en el que yo, sin ser católico practicante a día de hoy, estructuro mi vida…
  • Ha intentado, y en algunos aspectos lo ha conseguido, acercar la iglesia del siglo XXI a la sociedad del siglo XXI, a pesar de la ingente cantidad de opiniones en contra para algunos cambios promovidos por él.
  • Se definió desde el primer día como un pecador y siempre pidió a sus fieles que rezasen por él.

Javier menciona varias veces en su libro que para él la fe es un superpoder, que o se tiene o no. Yo también lo calificaría así: El superpoder de la fe.

Yo creo que necesitamos más Franciscos en este mundo terrible que vivimos a día de hoy. Sí, más Franciscos, católicos o de cualquier otra creencia, que antepongan la bondad, la humildad, la querencia por ayudar a los demás, la solidaridad y el amor. ¡Qué poco venden esos valores hoy en día! Es una lástima, pero mejor nos iría si los fomentásemos más.

No quiero terminar mi crónica de lectura sin mencionar la frase que más se repite en el libro. Más bien diría que “más veces” repite su autor: ¿Cree usted en la reencarnación de la sangre y en la vida eterna? Si contamos el número de veces que sale escrita esta pregunta podremos intuir que quizá esa fue la base para escribir este libro por parte de su autor, simplemente la de contentar a una madre con una simple respuesta. ¿No es acaso suficiente buen cometido el de hacer feliz a una madre?

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