ADICCIONES

He terminado de ver recientemente dos series de televisión que me han conmovido por lo profundo que puede caer una persona cuando es víctima de una adicción: Yo, adicto, de Javier Giner y El gran salto, de Gervasio Deferr.

Creo que ambas tienen una gran interpretación en manos de sus protagonistas, me quedo con la de Oriol Pla en Yo, adicto, que me parece demoledora, aunque Óscar Casas también está muy bien.

Estas dos series me han hecho recapacitar sobre las adicciones y sobre cómo muchas veces mantenemos hábitos y costumbres que, sin darnos cuentas, nos están esclavizando, incluso muchas veces limitando nuestra vida porque dependemos de ellas. No me refiero a las grandes adicciones a las drogas, al alcohol o al juego, esas son las que, con letras mayúsculas, llevan a sus víctimas a tener que tratarse en un centro especializado. Me refiero a micro adicciones, si queremos llamarlas así para diferenciarlas. En un momento dado puede ser la necesidad del café de la mañana, sin el cual nos volvemos irascibles y malhumorados, la necesidad de consumir y consumir cuando realmente mucho de lo que compramos no lo necesitamos en absoluto. También está la dependencia del deporte. ¡Cuántas veces hemos escuchado eso de que una vez que empiezas a entrenar no puedes dejarlo!, la escritura, para algunos (no para mí) también lo es o dicen que lo es, y todavía bajo un nivel más a algo que podría parecer muy alejado de una adicción pero que, si recapacitamos y somos sinceros, también podría interpretarse. Algo que está imbricado en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, las rutinas. En mi caso si a algo soy adicto debo reconocer que es a mis rutinas diarias. Levantarme a las 6, escribir hasta las 7, desayunar siempre lo mismo, y exactamente en las mismas cantidades: Té especiado con cúrcuma y leche de avena, cuatro nueces, 6 galletas integrales y un puñado de arándanos. Ir al baño a la misma hora, hacerme una tostada a las 10,30, siempre del mismo tipo, de pan de centeno, con tomate y mortadela de oliva… podría seguir así durante todo el día. Es obvio que algunos días no puedo seguir esa rutina, cuando me voy de viaje, cuando estoy con más gente que ha venido a casa… pero en esos días noto que no estoy normal, no soy yo mismo, si queremos decirlo así. Ahora he metido en mi rutina diez minutos de meditación y no te digo nada lo que los extraño si no puedo hacerla.

Otra de mis adicciones es el orden. Cómo se depositan los objetos encima de mi mesa de trabajo, cómo disponer las sillas alrededor de una mesa, cómo tender la ropa organizadamente, cómo colocar las tumbonas en la terraza perfectamente alineadas con la orientación de los azulejos… y así decenas de detalles.

Si habéis llegado hasta aquí leyendo pensaréis que soy un mega friqui, que tengo TOC, pero no es para tanto. Uno se va haciendo mayor y va buscando sus rutinas y su forma de vivir y la mía va por este camino, pero reconozco que en cierto modo son pequeñas adicciones y que salir de ellas cuesta. No quiero imaginarme lo que debe ser salir de otras mucho más dañinas, como las drogas o el alcohol, algo que queda perfectamente reflejado en estas dos series que he visto y que me han emocionado y espantado a partes iguales porque la destrucción humana puede llegar a ser absoluta. Espero no caer nunca en una de ellas, y que, quien lo sufra, pueda ser capaz de pedir ayuda.

Pedir ayuda, un tema del que va a tratar mi nueva novela que justo estoy empezando a escribir estos días.

Deja un comentario

close-alt close collapse comment ellipsis expand gallery heart lock menu next pinned previous reply search share star