Enrique Moriel es el alter ego de Francisco González Ledesma, escritor que dio vida a tal tipo en su novela Sombras viejas (magnífica, por cierto), prohibida durante el franquismo. Y con ese sobrenombre se marca una novela de una maestría encomiable, como todo lo que escribe Francisco, que para mí tiene dos enormes virtudes (que admiro profundamente): La primera es que sus novelas son atemporales. Da igual cuándo fueran escritas. Leyéndolas ahora, en 2024 suenan tan actuales como si las leyésemos en 1980 o en 1935. Tienen la virtud de contextualizase ellas mismas en cada momento en que se leen. Es algo difícil de explicar, no sé si me entendéis. La segunda es que de cualquier tema trivial Francisco elabora una novela transcendente, con poso, con reflexiones filosóficas y hasta con crítica social.
Porque, qué hay más naif y adolescente que la vida de un vampiro… no quiero recordar sagas. Sin embargo, esta novela, que habla de ello sin casi mencionarlo, nos hace saltar entre las distintas épocas en las que él ha vivido y la actualidad en una suerte de investigación sobre la familia Vives y sus ritos ancestrales. Nos cuenta y describe la Barcelona de principios de siglo, la medieval, la actual, nos habla de la burguesía catalana, de las costumbres, de los vicios de cada sociedad en cada tiempo.
La ciudad sin tiempo hace referencia justamente a eso, al hecho de que a pesar del transcurrir de las décadas los mismos vicios y virtudes de los seres humanos permanecen.
He dicho ya en muchas de mis crónicas de lectura que Francisco González Ledesma es uno de mis escritores favoritos. No sólo eso, es un escritor al que admiro, del que intento aprender como escritor y a quien siempre, siempre recomiendo.
Sea con su propio nombre o con sus varios seudónimos firmando novelas, no dejéis de descubrirlo. Me lo agradeceréis.


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