Desde que vi la película Cinco lobitos me quedó una imagen clara de que Alauda Ruiz de Azúa era una directora diferente. Luego vi la serie Querer y esa impresión aumentó todavía más y despertó mi curiosidad a nivel de querer ir a ver cualquier cosa que dirigiese.
Hoy he visto la última película que ha estrenado: Los domingos. Una película que ha llegado con polémica (que no entiendo, francamente) y que ha sido aplaudida por la crítica.
Para mí esta película es, ante todo, un retrato de una familia resquebrajada, desmoronada por las circunstancias que les ha tocado vivir. Ese es para mí el núcleo de la trama que va mucho más allá de si la vocación de la hija mayor por entrar en un convento de clausura es real o influenciada por el entorno religioso en el que se ha educado.
No me parece que la directora haya tomado partido por ninguna de las dos partes. Antes bien, ambas posturas son expuestas, argumentadas, defendidas desde sus postulados y criticadas desde los contrarios, todo con sencillez, pero de una forma muy eficiente porque enfrenta al espectador a una reflexión propia, tanto para el que sea creyente como para el que no.
Sí, en esta película, la hija mayor “recibe la llamada de Dios” y podemos creer que eso es algo más o menos imbuido por el dolor que sigue sintiendo tras la muerte de su madre, por la desafección que vive en su familia, por el hartazgo de la vida mundana o simplemente por la complicada adolescencia. Pero ¿por qué no va a ser real? ¿Acaso los que no tenemos fe o la hemos perdido si es que en algún momento la tuvimos de forma realmente consciente, no desearíamos recuperarla? Tener fe, un regalo de Dios como se nombra en la película. Y yo lo creo así, creo que es afortunado aquel que tiene su fe y puede cobijarse en ella cuando lo necesita. Ojalá yo la tuviese, pero no, no la tengo. Tengo que refugiarme cuando lo necesito en otros apoyos más de a pie.
Pues en Los domingos se nos cuenta eso, por qué simplemente creer en Dios, experimentar su amor, es algo afortunado para quien lo consigue. El tono general de la película es de una calma tensa con un calculado equilibrio entre la comprensión del padre y el agnosticismo de la tía y como espectadores observamos un entorno familiar ya relacionado con el catolicismo de uno u otro modo que no nos parece radical ni nos chirría en ningún momento como algo adoctrinador.
Creo que esa es la clave del éxito de esta película: mostrar algo cercano a cualquier de nosotros que normalmente no se racionaliza, simplemente se vive, se convive con la tradición sin pensar en exceso en la creencia y cuando realmente nos lo planteamos, cuando reflexionamos sobre si tenemos fe o no, fe verdadera, los cimientos de nuestra cotidianidad se tambalean.
Termino mi crónica destacando la gran actriz que es Patricia López Arnáiz. ¿Se puede expresar más solo con el gesto, sin hablar? Es una actriz magnética que solo con mirar a cámara transforma el plano. Me han gustado mucho también Nagore interpretando a la madre superiora y por supuesto la protagonista, Blanca Soroa, creíble, entendible y natural.
Desde luego os aseguro que he salido de esta película con mi espíritu mucho más calmado que cuando entré.

