HIJA, SOY YO – mi crónica de lectura

Siempre que abordo la lectura de un escritor novel, o al menos de la primera obra publicada de un escritor, aunque este lleve años escribiendo, me enfrento a un tremendo dilema. Como escritor novel publicado que yo también he sido, valoré en su momento enormemente tanto los comentarios positivos que me hicieron como otros que no lo fueron tanto pero que, en definitiva, me ayudaron a entender cómo mejorar en cada nueva publicación que fui haciendo.

Y así me he enfrentado a esta novela de José Ramón Jiménez Salas, actual compañero del taller de escritura de Benicàssim.

El autor nos introduce en una trama que transcurre por el mundo de la innovación tecnológica en hidrocarburos a través de una patente que podría terminar con el negocio mundial. Y el comienzo ya nos engancha. Uno de los dos socios fundadores de Innotech, la empresa que ha desarrollado esa patente, Victor Carmona, es atacado en un parque de forma aparentemente aleatoria por otro paseante, como un vulgar ratero que le quita cuanto lleva y le dispara, dejándolo aparentemente muerto.

A partir de ahí, el interés del lector en averiguar los oscuros vericuetos de todo lo que tiene que ver con su empresa, con los intereses mil millonarios que ha por su venta, y por unas relaciones personales más que dudosas, aumenta de forma constante.

Es muy interesante la forma en que su autor desarrolla la investigación de todo el caso desde la propia mente del afectado y desde su estado en coma, quien es capaz de comunicarse con su hija durante sus sueños, comunicación que permitirá conocer claves y organizar todo el plan de venganza y justicia que a partir de ahí diseña el propio Víctor.

El ritmo narrativo no decae, la justificación de los comportamientos de la mayoría de sus personajes está bien planteada, las subramas son creíbles y hay bien definido un villano (o varios) y su contrario.

Es importante decir que hay un alto nivel de erotismo en la novela que complementa la trama, ya de por sí interesante sobre el intento de asesinato, el interés industrial por la patente revolucionaria y la gestión de algunas amenazas en el borde o incluso fuera del límite de la ley.

Ocurre en esta novela como en algunas otras que he leído este año que la generación de expectativas va aumentando tanto que cuando te aproximas al final como lector, temes que la resolución final no esté a la altura de lo esperado, que sea demasiado simple o poco creíble, pero no es el caso de HIJA, SOY YO. No. La novela tiene un final redondo, en mi opinión, creíble y que satisface la curiosidad y la intriga del lector a partes iguales.

Me parece un buen debut. No sé si su autor seguirá queriendo escribir más. La finalización de esta novela fue una promesa a su hijo y ya solo por eso merece todo mi aplauso, pero es que su lectura, durante mi último viaje a Bangladesh, a través de carreteras infames, lo ha hecho mucho más entretenido y ameno. Gracias por eso y enhorabuena por tan honorable debut como escritor publicado.

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