EL ENIGMA DE DIOS – mi crónica de lectura

Llegué a este libro de Pedro García Cuartango a través de una recomendación de una de mis escritoras favoritas, Julia Navarro. He de decir que su lectura me ha hecho reflexionar, me ha dado calma y sosiego y me ha permitido desconectar de la inmediatez de las pantallas y las redes sociales.

El enigma de Dios es un ensayo en el que su autor mezcla reflexiones y experiencias de su propia biografía y de su relación con el concepto de Dios, con un viaje a través de las distintas interpretaciones que los filósofos de la historia han hecho del mismo. Y puedo decir que yo he tenido un tránsito parecido al suyo, desde mi educación en la más estricta religiosidad católica, pasando por un internado de frailes del Sagrado Corazón donde convivía y después alejándome poco a poco del catolicismo y perdiendo por completo la fe para ir tornando, conforme mi edad ha avanzado hacia un tiempo en el que reflexiono mucho sobre la existencia de Dios y sobre los valores sólidos que nos permitan aferrarnos en un tiempo líquido que es el que nos ha tocado vivir.

Este libro me ha parecido una joya. Hay muchas reflexiones, indicaciones y argumentos tanto a favor de la existencia de Dios como en contra, pero lo más importante para mí es que se explican desde la neutralidad de la fe, que es otra cosa muy distinta, que se tiene o no se tiene, sin argumentación. Tener fe, cuántas veces decimos esta expresión, vacía a veces de contenido y sin embargo qué importante es. ¡Cuánta envidia siento de aquellas personas que la profesan y cuánto me gustaría a mí poder recobrarla, pero de forma sincera! Porque tener fe en algo, y si es en Dios supongo es mucho más integral, te permite ser más optimista, creer en el futuro, no sentir miedo y, supongo, saber que siempre hay alguien que va a cuidar de ti.

Encontramos reflexiones y conexiones con la política, la economía, las crisis mundiales, los medios de comunicación, y por supuesto las religiones y las redes sociales.

Como decía, en mis 55 actuales, suelo reflexionar a menudo sobre qué o quién es Dios, si realmente ha determinado nuestras vidas, si es origen y fin de todo o si simplemente es un constructo de las religiones. En alguna ocasión siendo adolescente escuché a un físico teórico que dijo algo así como que «algo de ciencia te aleja de Dios y un profundo conocimiento de la ciencia te acerca a él».

Pedro lo dice al final del capítulo 29: «Da la impresión de que hemos expulsado a Dios, pero que no podemos evitar que se nos vuelva a colar por una rendija invisible. Por mucho que nos neguemos a plantearnos su existencia, la eterna duda sigue ahí. Necesitamos una explicación que dé sentido a nuestra condición de seres arrojados al mundo».

Y otra reflexión tremenda, en el capítulo 33: «El algoritmo ha desplazado a las ideas, la psicología ha matado a la filosofía y la sociología ha estereotipado la diversidad». Tremendo, pero tan real…

Termino mi crónica de lectura rescatando la esperanza: esperanza en que las ideas, la bondad, la humanidad, la creatividad y la razón sobrepasen y venzan siempre a la programación, al algoritmo que determina nuestras vidas y a la mera computación numérica de nuestros consumos. Si podemos lograrlo, sea con la ayuda de un Dios omnipotente o sin él, estaremos a salvo de la extinción. Yo continuaré mi búsqueda particular que me ayude a combatir la ansiedad y me proporcione paz interior, una que en cierto momento tuve gracias a la fe y que ahora vuelvo a buscar camino de ella.

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