
Pues eso, como dijo la gran Carmina en su segunda película, “Lo que digo yo se convierte en verdad… y amén”. (Que me perdone la gran actriz por utilizar su frase para este post. No imagino nadie más alejado del lerdo de Trump que ella, pero la frase me viene muy bien).
Y “lo que digo yo…” puesto en boca de Donald Trump puede ser cualquier banalidad, pero también cualquier barbaridad. Que, si un día se me antoja el control del petróleo venezolano, digo que todas las lanchas que salen de allí son narcotraficantes y me cargo 6 o 7 y los que mueran por el camino… pelillos a la mar. Que, si otro se me ocurre decir que Groenlandia es básica para la seguridad de mi país, aunque no tenga frontera (digo yo qué más peligroso sería, en todo caso, para Canadá, que no ha dicho ni mú), y aseguro que será mía sea por las buenas o por las malas. Que, si mañana se me despierta el espíritu más vanidoso y me apetece tener un Nobel, pues voy y lo exijo, y que si me lo ofrece la que lo ha ganado qué más me da a mi… si la cuestión es tenerlo, no merecerlo… Y qué pasa si digo que por mis redondos, por mis dos huevines, que a cualquier país del mundo que se me ocurra un día que he dormido mal se le tiene que aplicar un nuevo arancel del 100% , ¿quién va a ser el guapo que venga a contradecirme? ¿Habéis oído bien, habitantes terrícolas absurdos e insignificantes? Yo tengo la verdad, porque he sido elegido porque Dios lo quería, no os lo perdáis… y por eso lo que digo yo se convierte en ella y a partir de ese momento lo es. América, ese vasto continente de decenas de miles de kilómetros y unas decenas de países es yo, o sea, yo soy América, no importan los millones de brasileños, mexicanos, argentinos, canadienses…. Tantos y tanto. No. América soy yo y mi obligo. Si mañana he discutido con mi querida Melania y estoy de mal humor y se me ocurre que el presidente de la FED es un corrupto pues voy y lanzo una investigación contra él y como yo digo que ha cometido un delito pues ya está: Lo ha cometido y quien tenga que hacer lo que sea para demostrarlo que lo haga pero vamos, la sentencia es esa.
Escuché a alguien esta semana comentar que, tras el nuevo single de La oreja de Van Gogh, grupo al que nunca escucho porque no me gustan, titulado “Yo creo en Dios”, parece que nos estamos volviendo a aferrar a la fe cristiana, y es que en un mundo, este que estamos viviendo, en el que las verdades absolutas han dejado de serlo, en el que se destruyen el derecho internacional, las democracias liberales, la independencia de las naciones o la simple autoridad de la verdad, este mundo en el que simplemente lo que uno se invente se convierte en verdad con los medios adecuados, necesitamos aferrarnos a algo, y quizá lo más barato y sencillo es la fe en Dios.
¿Qué nos deparará el futuro con este presidente estadounidense, sí, estadounidense? El Caos, la adulteración de noticias, las falsedades puestas por montera, el colonialismo, el ultranacionalismo estadounidense (una vez más el adjetivo) o simplemente la vanidad individualista de un hombre que nadie entiende cómo ha podido acumular tantísimo poder con lo burdo y lo pacato que parece.
Ahora va a por Cuba, Colombia, Irán, México… Yo imagino que tiene como un puzle en la habitación y cuando se va a dormir lanza un dardo y donde cae al día siguiente comienza a hacerles la vida imposible. Ya lo ha hecho con las universidades, los grandes bancos, las asociaciones, Hollywood y tantos otros colectivos.
Aún no se ha atrevido con la Unión Europea, aunque mil veces ha dicho que es necesario que la Unión Europea se desintegre y que pueda tratar con cada país individualmente, pero eso no va a suceder, que no hijo, que no. Que ni tú eres originario ni auténtico (más allá de 100 o 200 años) de esa tierra que fue antes de muchas otras nacionalidades, ni tu mujer tampoco, ni tienes más derechos tú que cualquier otra persona en tu país ni por supuesto tienes ninguna razón, ni eso que tú llamas América (que apenas es un 20% si llega del continente) va a ser grande otra vez y date con un canto en los dientes que los asiáticos no se harten y decidan cambiar (en colaboración con los países del golfo) el patrón del petro dólar por el yuan dólar o el euro dólar. Ese será tu final. Y, créeme, tarde o temprano llegará, porque la paciencia tiene un límite y creo que a mucho poderoso del otro lado del mundo se le están hinchando los huevecillos de escucharte a ti decir tanta gilipollez y tanto orden y mando porque tú lo vales.
Creo que o llegamos al caos en breve, o para evitarlo quedan pocas soluciones. Los internos, los habitantes estadounidenses (otra vez el adjtivito) parecen no querer terminar con Trump… (electoralmente). Los propios de su partido parecen tenerle miedo. La debilidad del país es clara, supone acabar con el Petro Dólar, con el billete verde. Comprar y vender el petróleo en otra moneda. Adiós dominio mundial, adiós reservas del mundo, adiós hiperinflación oculta y adiós ultraliberalismo. Adiós Trump, por un medio u otro.
Llegará, porque un dolor no es inaguantable por lo que es, sino por cuanto tiempo se tiene que sufrir.
