Hoy más que nunca veo relevante hablar de este ensayo sobre la necesidad (que defienden sus autores, Ezra Klein y Derek Thompson, de abrazar una cultura de la abundancia que saque a Estados Unidos de la parálisis de desarrollo social en el que las políticas liberales le han sumido.
Hoy, que Trump presume de haber matado a ese hombre malvado que era Ali Jamenei, él que ha matado o ha ordenado, o ha permitido, la muerte de miles y miles de personas en todo el mundo, ayer mismo, en Teherán y otras ciudades iraníes. ¿Qué lo diferencia realmente de Jamenei? ¿Qué ha sido elegido en unas elecciones democráticas? La teocracia no es, porque Trump ha dicho en más de una ocasión que Dios lo ha elegido para salvar a América… casi ná.
Pero aquí estoy explicando mi crónica de lectura sobre Abundancia. He de decir que llegué a este libro al escuchar cómo lo recomendaba la jueza Manuela Carmena, y que le había llevado a leerlo intentar entender por qué la gente ha votado a Trump. Y sus autores defienden una tesis que critica tanto al conservadurismo sedentario como a lo que ellos llaman izquierda radical (que en Europa sería considerado como un socialismo descafeinadísimo). El país tiene déficits, creados décadas atrás por la cultura de la escasez, por la poca (por no decir nula) inversión pública, por la falta de inmigrantes para desarrollar ciertos trabajos, por la escasa puesta en marcha del talento científico que empieza, ya en estos momentos, a emigrar a otros lugares más seguros fuera de USA.
El ensayo nos lleva por una estructura lógica: Primero hay que crecer, para construir. Hay que gobernar para que se pueda hacer, inventar y crear pero sobre todo poner en marcha tales invenciones. Y eso solo se puede hacer desde la abundancia. Para un país que yo siempre he considerado como el paradigma del maximalismo, donde todo es XXXL, donde el más es más es religión, me parece una gran contradicción entre lo que yo imaginaba y lo que estos autores defienden.
El ensayo tiene una dosis clara de crítica (para mí la parte más interesante) de la débil y poco organizada estructura pública del estado. Ya se sabe que los liberales consideran que no debería ni existir estructura de estado… por eso no hay apenas trenes decentes. Por eso California no ha sido capaz (siendo la quinta economía mundial) de construir una línea de tren de alta velocidad…, por eso el sistema nacional de salud es mortal para la gente sin recursos, por eso los estudiantes universitarios se endeudan de por vida…
Hay tantas razones por las que yo pienso justo lo contrario para que un país prospere… o sea, yo creo (como habitante nacido en eso que ahora llaman la España vaciada) que el papel del estado es fundamental para dotar de igualdad a las personas que no viven en los grandes centros urbanos. Es necesario para el desarrollo de un país y fundamental para equiparar derechos, para aplicar los derechos, y para que los derechos a los que hemos llegado sean eficaces en todos los puntos de la geografía de un país. Y sí, por supuesto, que eso se hace con impuestos. Claro.
Nada parecido a lo que sucede en USA, país en el que durante décadas ha triunfado el individualismo, el sálvese quien pueda, el pelotazo económico a costa de quien sea y el primero yo, y después tú.
Nunca me ha gustado la forma de entender la vida que los estadounidenses han defendido y de la que han presumido. Pero hoy, menos que nunca y más que nunca me apetece defender que soy europeo.

