CELTAS CORTOS

Aldo se levantó temprano como cada mañana para preparar el desayuno y tomarlo con su abuelo Paco. Hacía bastante frío en la casa. Cuidaba mucho esa media hora compartida en la que charlaban sobre mil temas. Le gustaba comentar las jugadas del partido de fútbol de la noche anterior, o describir las bondades del libro que estaba leyendo, pero sobre todo disfrutaba cuando le pinchaba con temas políticos del momento. Por más que intentaba que su abuelo sacara su genio ante las injusticias del liberalismo imperante, nunca lo conseguía. Su carácter era calmado y reflexivo y Aldo aprendía de cada frase que escuchaba.

Calentaba la leche en el mismo cazo, preparaba un trozo de pan tostado con embutido y cocía el café intenso y cargado, como sabía que le gustaba. Después lo llevaba todo en una bandeja de madera junto a la chimenea del salón que cada mañana su abuelo prendía para caldear la estancia.

Aquel día se disponía a filtrar el café cuando observó que el paquete de Celtas Cortos, medio arrugado y casi vacío, que siempre llevaba su abuelo en el bolsillo de la camisa, descansaba sobre la repisa de la alacena. «¡Qué raro!», pensó, «si él no lo suelta por más que lo lleve vacío…». Lo puso en la bandeja y se dirigió al salón dispuesto a comentar el último disparate del presidente de yankilandia, como siempre llamaban al país de los excesos. Sintió un escalofrío. Habitualmente a esa hora la temperatura de la casa había mejorado ya, pero por algún motivo aquella mañana sentía mucho más frío.

Cuando llegó a los bancos situados junto al fuego se dibujó una sonrisa en sus labios. Su abuelo se había quedado dormido, recostado en uno de los lados y sin haber encendido la leña. «Pobre, si es que ayer no tenía que haber venido a espedregar al campo conmigo» y le tocó con suavidad el hombro para despertarlo.

—Abuelo, abuelo. Despierta, que ya traigo el desayuno.

Pero su cabeza cayó hacia atrás con los ojos medio abiertos y los brazos como dormidos.

Las lágrimas mojaron aquel paquete de tabaco que Aldo guardaría para siempre como el último recuerdo de su abuelo.

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