Mira que no soy yo nada de Isabel Coixet, quiero decir que en general no me suelen gustar sus películas, las que he visto (no he visto todas) pero por algún motivo extraño escuchándola en una entrevista habló de esta novela y de lo significativa que era para conocer el comienzo de la decadencia y podredumbre de la sociedad estadounidense y ahí que me tiré a por ella.
Para empezar, diría que ya es mi segunda gran decepción de lo que se considera (por parte de los críticos literarios) como un gran autor estadounidense, después del bodrio infumable que me pareció Las palmeras salvajes, de William Faulkner…
Esta no ha sido de tal calibre, me la he podido leer y aunque se me ha hecho bola la he terminado. Parece ser que Philip Roth tampoco es mi estilo…
¿Qué tienen estos escritores estadounidenses del siglo XX que no me consigue enganchar? Para mí hay algo fundamental que es respirar cuando uno lee. Leer páginas y páginas de párrafos interminables, a veces de varias páginas y descripciones y reflexiones interminables termina agotando, o al menos a mí me termina agotando. Por una vez, yendo en contra de mis principios, diría que “menos es más”.
La novela cuenta cómo se estrella el llamado “sueño americano” que debería ser el “sueño estadounidense”… Cómo una familia judía triunfa en todos los sentidos, empresarial, familiar y económico, se compran una buena casa y tienen una vida brillante, una hija monísima etc…, hasta que esa perfección comienza a resquebrajarse cuando Estados Unidos provoca la guerra de Vietnam y resulta que su perfecta hija se convierte en una belicosa antiguerra. A partir de ahí el descenso hacia todos los tipos de desgracia es imparable, enfermedad mental de la madre, obsesión del padre, desaparición de la hija y desestructuración familiar.
La novela ganó el premio Pulitzer en 1998 y la verdad, me esperaba muchas más aristas y un contraste mucho mayor entre ese supuesto éxito y su final caída. No me parece que haya para tanto, ni en la forma en que está narrado ni en lo que realmente le sucede a sus personajes.
Copio a modo de ejemplo un párrafo para que os hagáis una idea de la interminabilidad de la narración que ahoga al lector:
El diseño al azar de las piedras le decía “casa” como no se lo decía ni siquiera la casa de ladrillo en la avenida Keer, a pesar del sótano acondicionado donde él enseñaba a Jerry a jugar al ping-pong y las damas, a pesar del porche trasero protegido con tela metálica en cuyo viejo sofá se tendía en las noches calurosas para escuchar los partidos de los Giants, a pesar del garaje donde se entrenaba en su infancia, atando una pelota en el extremo de una cuerda que fijaba con cinta adhesiva negra en una viga, y durante todo el invierno se pasaba media hora cada día, en una postura erecta, seria, golpeándola con el bate cuando regresaba a casa tras la práctica de baloncesto, a fin de no perder la rapidez en el bateo;
… y ni siquiera termina en punto… Más de ocho líneas para una frase, no está mal ¿eh? Si le sumamos el uso de gerundios indiscriminados, la ausencia en muchas partes del libro de líneas de diálogo, sino que el autor los mete como líneas de punto y seguido y un sinfín de vueltas y vueltas en la narración se puede concluir en lo que decía… se hace bola.
En resumen, novela gardonada con el Pulitzer y clasificada en muchas listas como una de las mejores del siglo, larguísima, densa, difícil de leer y excesivamente hinchada para el poco contraste final que se encuentra. Decepción.

