LA NOVIA DE LA PAZ – mi crónica de lectura

Siempre que comienzo la lectura de una novela de Rosario Raro siento una especie de emoción por saber a qué injusticia social, a qué lucha personal de un personaje fuerte y a qué historia me llevará.

En este caso, además refrendada por el Premio Azorín de Novela, comencé La novia de la paz con la curiosidad de viajar a Sudáfrica, una parte del mundo desconocida para mí; quizá es la que me falta por visitar en mis viajes por todo el mundo. África, el continente del que solo he visitado el norte.

Desde el principio sorprende la estructura de la narración, a cuatro voces, a modo epistolar o de diario, como si se tratase de cuatro historias inconexas que, de un modo u otro, sabes que van a confluir.

Para mí en esta novela la gran protagonista, más que Emily Hobhouse, y sin quitarle ningún mérito a sus hazañas en pro de la paz, es Shayna Orliens, una mujer que debe reinventar su vida tras sufrir un profundo desengaño fruto de una relación fallida con su marido y consecuencia también de la sociedad de la época. Los principios de siglo me parecen épocas fascinantes. En realidad son simplemente un cambio de cifra pero de algún modo albergan cambios sociales, ideológicos e incluso diría que misteriosos sobre lo que el nuevo siglo va a deparar. Yo he tenido la suerte de vivir el nacimiento del siglo XXI pero intuyo que el nacimiento del XX debió ser sumamente motivador y esperanzador.

Esta novela me conecta también con mi gusto por las lecturas y por todo el universo que tenga que ver con lo británico, aun en sus épocas más agrestes como las colonizaciones africanas, pero hay siempre en esas historias un interés que se despierta en mí como lector y que nunca he sabido explicar muy bien por qué sucede, siendo de un pueblo tan español como Belchite.

La novia de la paz avanza sus cuatro historias con el suficiente tempo para que el lector quiera saber de qué modo van a confluir, qué relación existirá entre las cuatro voces, que además narran en primera persona, cada vez que aparecen.

Es una narrativa muy ágil y que aumenta el placer lector por esa sensación de dinamismo y avance.

No menos interesante me resulta la figura de Fiz Reyer, en el fondo origen y causa de toda la trama de la novela. Criticable pero a la vez entendible, desde mi punto de vista. Siempre solemos buscar un villano cuando una injusticia sucede pero incluso en este caso, a este villano, si es que lo podemos denominar así por cómo engaña a su mujer, merece recibir un mínimo de conmiseración y entendimiento por parte del lector, al menos en lo que a su sufrimiento personal y su contradicción interna se refiere.

Termino esta novela con una reflexión sobre el poder de la prensa, que intentó maniatar las publicaciones de Emily Hobhouse, y el poder de la misma en la actualidad. Y reflexiono sobre si realmente sigue siendo igual o ha disminuido en pro de las redes sociales y las macro plataformas como X o Facebook. Es una deriva inquietante. Quien sabe, tal vez una “Rosario Raro del siglo XXII” pueda escribir a principio del siguiente siglo sobre lo que sucedía en el comienzo de este que estamos viviendo, con cien años de diferencia y explicar que lo que ahora nos parece como aceptado y asumido por la sociedad sorprenda y exaspere en igual medida a la que viva dentro de cien años.

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