Última tarde de vacaciones. 37 grados en las calles de
Madrid y muchas ganas de ver la función que tan buenas críticas ha recibido en
los últimos tiempos. La primera maravilla, el Teatro Calderón, escenario en el
que se representa. Vista privilegiada desde el palco número 9 desde el que
observo el teatro lleno. Es evidente la necesidad y las ganas de los
espectadores de acudir y de disfrutar de una buena obra. Y ésta, La
función que sale mal, lo merece. Las críticas han sido generosas con
ella y el éxito, arrollador. Estrenada en el West End de Londres en 2012, sigue
triunfando, nueve años después con más de nueve millones de espectadores en su
haber, que no es ninguna broma. En Madrid lleva ya dos años en cartel y hoy era
el estreno en el Calderón, en un ambiente veraniego, tranquilo, feliz por la comunión
que se extiende entre los asistentes.
El principio nos deja noqueados. Hay una pre-función en la
que algunos de los actores interactúan e interpelan al público que participa,
de algún modo, en la preparación del escenario. Muy divertido. Pero mucho más
lo es el comienzo.
Nos quedamos paralizados ante una dramatización a camino
entre el histrionismo de la gestualidad de las películas de cine mudo, la
exacerbada verbalización de los actores declamando el texto (que por momentos
parecen olvidar y por otros, les es chivado) y la paranoia desconcertante de un
escenario que se cae a trozos junto con un argumento de lo más intrigante.
La obra cobra cuerpo, interés, esencia y desternillamiento
al avanzar en su trama. La actuación de sus actores es soberbia, la de alguno
de ellos especialmente disparatada, divertida, empática y desde luego sus
exageraciones y su sobreactuación premeditada favorecen que el público estalle
en una carcajada casi continua e hilarante.
Hay momentos especialmente brillantes, como cuando la
protagonista es sustituida por la regidora, magnífica, o cuando el hermano del
asesinado hiperactúa gestualmente, baila, mueve su no-perro o simplemente muere.
Por momentos, desconecto de lo que está sucediendo porque
las lágrimas me caen a borbotones de la risa que me provoca una función como
nunca antes había experimentado.
Hay un episodio en bucle, en el que la misma escena se
repite de forma cada vez más acelerada hasta en cuatro ocasiones que termina en
una espiral de caos, risa, carcajada y locura hiperdivertida.
La función que sale mal tiene un no-título. Su
resultado es fantástico, perfecto, divertido, único y perfecto para terminar
unas vacaciones que han estado plagadas de momentos en familia, para recordar
en los meses que vendrán. Una obra que, si gira por el resto de España no
debéis perderos. Lo vais a pasar de fábula.




Me encantaría ir a verla; tenemos intención de ir a Madrid en septiembre, imagino que segirá en cartel. El teatro es impresionante y si con él te ríes creo que el espectáculo tiene una dimensión muy satisfactoria, sales como nuevo. Gracias Fran por la recomendación. Abrzo
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Si sigue en cartel no os la perdáis. Es una pasada!
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Me encantaría ir a verla; tenemos intención de ir a Madrid en septiembre, imagino que segirá en cartel. El teatro es impresionante y si con él te ríes creo que el espectáculo tiene una dimensión muy satisfactoria, sales como nuevo. Gracias Fran por la recomendación. Abrzo
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Si sigue en cartel no os la perdáis. Es una pasada!
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