La fuerza de la costumbre

Si por costumbre amé

por costumbre olvidé

el amor y el olvido carecen de sentido

Desde pequeño acostumbré

a nunca preguntar por qué

despreciando los premios tanto como el castigo.

Si buscas en mi algo excepcional

Te vas a desilusionar

no esperes nada nuevo

de un hombre de costumbre

Hoy Jacobo ha seleccionado esta canción de Gabinete Caligari en Spotify nada más llegar a su apartamento, agitado y nervioso, sin saber cómo afrontar la pesadumbre de sus recuerdos. Se ha tumbado en la cama y las lágrimas han brotado sin control mientras escuchaba la melodía que atenuó su dolor hace veinticinco años.

Jacobo y Jose, compañeros de colegio, amigos inseparables, deportistas natos. Compartieron confidencias, deseos, problemas e inquietudes de juventud con confianza plena. Se ofrecieron siempre apoyo y fortaleza cuando fue necesario. Disfrutaron de noches salvajes, de vacaciones y de sueños por cumplir. Nunca sobrepasaron el límite de la amistad. Ninguno de ellos se atrevió a hacerlo porque ninguno de ellos supo a ciencia cierta si el otro querría rebasarlo. Cuando la adolescencia llegó, Jacobo comenzó a separarse de esa sutil frontera que separa la amistad del amor. Pero su raciocinio le obligaba a auto complacerse y le impedía manifestárselo a Jose.

Una noche de verano su testosterona pudo más que su razón y, mientras Jose dormía desnudo en la cama de al lado se acercó él. Contempló la plenitud de su sexo. Se excitó sobremanera. Sin poder detenerla, su mano se precipitó a aquel abismo sin retorno y su mente entró en éxtasis. El riesgo era mayúsculo, un simple suspiro y Jose se despertaría. Pero no pudo y no quiso evitarlo. Acarició aquel cuerpo cálido que tantas veces había deseado. Cuando estaba en el culmen del orgasmo, Jose despertó y encontró a Jacobo casi encima. Los dos miembros erectos fueron evidencia de algo que él no había buscado y dio un grito. Le recriminó lo que estaba haciendo y casi a voz en grito le ordenó que se quitase de su lado.

Jacobo se quedó inmóvil, incapaz de reaccionar. Había traicionado su confianza. Creyó escuchar palabras inconexas, fantasmales… nunca más… olvídate de mí… Cómo pudiste… Palabras duras y cargadas de verdad que aún herían más su corazón. Aquel verano, veinticinco años atrás, todo terminó entre ellos. No volvieron a llamarse, ni a verse, ni a saber nada el uno del otro hasta esta tarde, en que el destino ha organizado su reencuentro accidental.

Tan sólo ha habido una mirada a la entrada de la FNAC, fugaz, pero profunda, ojos con ojos, reconociéndose, y un atisbo de sonrisa. Le ha parecido como si Jose quisiera transmitirle que le había perdonado, aunque él nunca tuvo el valor de pedirle perdón. Ninguno de los dos se ha atrevido a hablar. Jacobo, embargado por la emoción, ha experimentado casi una taquicardia y Jose ha continuado su camino. Unos pasos después, se ha girado y ha levantado la mano a modo de salud, sonriendo.

Y la mente de Jacobo ha viajado años atrás, a aquellas tardes en las que el dolor se hizo dueño de su alma y ha necesitado escuchar de nuevo aquella melodía melancólica y pausada de Gabinete que siempre palió su desazón.

One reply to “La fuerza de la costumbre

  1. Una Buena historia, Fran, a partir de una canción.

    Me ha recordado su amor al de dos de los personajes, principales, de tu primera novela. Y quizás a ti tb, como pudiste…

    Abrzo

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