UN HOMBRE DESESPERADO

Había acudido a la reunión del notario en el centro de Barcelona con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Le parecía extraño que su madre hubiese dejado alguna herencia y más sorprendente todavía que se lo comunicase a través de un abogado en una notaría, cuando había estado cuidando de ella durante los últimos cinco años desde que su padre murió.

No imaginaba qué noticia podría haber dejado su madre sin haberle contado en vida. Su economía era más bien escasa y acompañada por algún que otro préstamo que todavía tendría que terminar de pagar ella.

Tampoco había en la familia ninguna finca ni propiedad alguna, que ella supiera al menos. Además, su madre era hija única, pues su abuela murió al poco de dar a luz en los primeros años cuarenta. Su familia materna se reducía a su madre. No tenía primos cercanos ni nadie que pudiera heredar por lo que le parecía muy extraño toda aquella historia de la reunión con el notario.

Alba decidió dejar de darle vueltas a la cabeza y entró en la sala donde la estaban ya esperando.

El mensaje que le fue transmitido era muy escueto: «Hay una carta para ti. En ella se desvela que tienes un hermano, nacido de una relación de tu madre anterior al matrimonio de más de cuarenta años con tu padre».

Nunca se había hablado de esa persona. Nadie lo había mencionado, nunca escuchó alusión alguna al respecto, ni siquiera se había felicitado en Navidad. Era un fantasma. Desconocido y misterioso. No estaba segura de que su padre lo hubiese sabido, pero tampoco podía ya preguntarle porque había fallecido antes que su madre. Así que no tenía ayuda ni a nadie con quien consultarlo. El notario terminó su cometido con una última frase:

—De ti depende, Alba, que leas la carta y ejecutes su contenido o dejes el sobre sin abrir y continúes con tu vida. Esas eran las instrucciones que tu madre dejó por escrito.

—¿Un hermano? Y ¿por qué ha esperado a morir para contarlo? Si he estado día y noche con ella, sobre todo en sus últimos años de vida. No lo entiendo.

Quiso preguntar, averiguar más información, sonsacar algo al notario, pero éste se despidió con un gesto formal y la invitó a que abandonase la sala.

Menos mal que no me han llevado a un plató de televisión a ese programa tan amarillista que a mi madre le gustaba tanto, porque pasaría una vergüenza infinita… se lamentó.

Toqueteó el sobre, le dio varias vueltas, se imaginó lo que podría desvelar. Se preguntó a sí misma. Se respondió que sí y que no, que por qué sí y por qué no. Y que no y que sí. Estaba hecha un lío y no tenía a nadie a quien contárselo. Entonces decidió preguntárselo a la única persona que podía contestarle: a su madre. Se fue donde la Estrella, que era conocida en el barrio porque decía que tenía poderes para comunicarse con los muertos y le pidió una sesión para preguntarle a su madre por lo que decía la carta.

La médium la recibió con tranquilidad y le aseguró que su duda quedaría resuelta sin dificultad.

Preparó la sesión y Estrella pareció entrar en trance. Se comportaba como si un espíritu se hubiese introducido en su cuerpo, o al menos lo representaba tal cual. Alba se quedó perpleja por la rapidez con la que la posesión del espíritu había tenido lugar, y se atrevió a preguntar tímidamente.

—¿Por… por… por qué no me habías dicho nada de ese hermano? ¿Esto es real o es una broma de mal gusto? Mamá, ¿qué es esto de que tengo un hermano?

La médium la miró muy seria y habló con una voz de ultratumba:

—Tú siempre decías que odiabas a las personas predecibles ¿no? Pues aquí tienes de tu propia medicina, hija. Ala, y ahora déjame que ya estoy muy tranquilica yo aquí donde estoy.

Y de repente la cara de la médium se recompuso en un gesto normal. Alba no supo qué decir. Le pagó los treinta euros y se dijo a sí misma que si eso había sido real, al menos sabía que su madre estaba bien allá donde estuviese.

Pero la carta… la carta… no sabía qué hacer con ella. Entonces cayó en la cuenta de que, para ese supuesto hermano suyo, su propia existencia, la de Alba, sería también toda una sorpresa… ¿o tal vez no, y él sí que la conocía? Si era así, ¿por qué nunca se había comunicado con ella?

Se fue caminando de casa de la médium y llegó al paseo marítimo. Allí, se sentó en la arena y contempló el mar donde tantas tardes había acudido con su madre ya enferma y entonces le preguntó al paisaje, ¿qué hacer?

Recibió como respuesta el sonido de las olas que no le sonaron ni a un sí ni a un no y entonces tomó una decisión. Si el destino no le había hecho encontrarse con ese hermano sería por algo y por ese algo decidió lanzar la carta al mar para que el secreto se hundiese con ella en las profundidades.

A la mañana siguiente, telefoneó al notario y le transmitió su decisión.

A muchos kilómetros de allí, en el piso cuarenta y dos de una torre en Londres un hombre colgó el teléfono. Le habían comunicado la decisión y él, como prometió a su madre poco antes de morir continuaría en el anonimato y se vería obligado a donar toda su inmensa fortuna a unos sobrinos con quienes apenas tenía relación… eso o que quedase en abandono en manos de las manos del estado. Debía actuar rápido, le habían dado apenas un mes de vida. Y eso le desesperaba. Y a un hombre desesperado se le pueden perdonar las mentiras, pensó él. Así que estaba decidido. Al día siguiente cogería un avión a Barcelona.

2 replies to “UN HOMBRE DESESPERADO

  1. Intriga en tu relato hasta el final ( eso me ha gustado😉👌) Buen fondo buscas en la gente, eso dice…💫❣️💫 Me hubiera gustado llegar ayer🙆

    Elegí la otra propuesta😅para mi relato ( autoficción con bastante real, e inventado el resto jjj, claro; ya te contaré🤩😲). Te lo envío y si te apetece, ya lo lees.

    El próximo viernes vooyy😅😅( espero 🙆).

    Abrzooo La Habana.doc https://docs.google.com/document/d/1MPAD7wNmGBKxua1eLozvEy5zK-vVElXy/edit?usp=drivesdk&ouid=108815997016371192469&rtpof=true&sd=true

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