
Esta semana he escuchado la noticia de que, a las pocas horas de conocerse la denuncia de tres actrices al director y productor Carlos Vermut por presunta violencia sexual, la 1 de TVE retiró de la programación su película Magical Girl.
Ya en su momento, cuando visioné la película tuve una cierta discusión con amigos sobre la misma. Algunos la consideran una obra maestra y yo argumentaba que es una película muy extraña, en realidad con un argumento demasiado sencillo y con una trama que, sin ton ni son, va pasando sin propósito. En resumen, que no me gustó, aunque Bárbara Lennie me parece una actriz perfecta.
Pero este post no va sobre la violencia sexual ni sobre Carlos Vermut. Para eso la justicia ya dictará sentencia y por supuesto manifiesto mi solidaridad con las víctimas. Este post va de autores y su creación, y también de la censura. ¿Podemos considerar este acto de TVE1 como censura? ¿Puede existir realmente la censura artística en 2024 y en la Unión Europea?
En varias ocasiones hemos debatido (este mismo grupo de amigos y escritores) sobre el autor y su obra. Es decir, si ambos conceptos pueden o deben separarse. Por el hecho de que un autor o autora sean despreciables, ¿eso convierte a su creación artística en igualmente despreciable? ¿O se tienen que independizar y aislar una de la otra?
Yo creo que sí, que hay que separar lo que representa y cómo es y se comporta un creador, con sus miserias y sus deleznabilidades si las tiene, de la obra creada que puede tanto ser malísima como estupenda. Si no admitiésemos esta teoría la historia de la humanidad se quedaría sin obra artística porque no tengamos ninguna duda de que a lo largo de la historia los pintores, escritores, escultores y músicos han sido de todo: benedictinos frailes que expelían el bien, unos, simpáticos y dicharacheros, otros, depresivos, alcohólicos, drogadictos, de derechas y de izquierdas, acosadores de mujeres, feministas, gays, heteros, polisexuales, asexuales, intelectuales, superficiales, adelantados a su tiempo, hiperclásicos, polémicos, retadores, humilladores y hasta satánicos.
¿Debemos censurar la obra de Dalí porque él fuera un imbécil como hombre, inaguantable y estúpido? Sin duda que no. ¿O la obra de Fernando Fernán Gómez porque su comportamiento era asocial, misógino y muy criticable (en la época en que lo manifestó)? Tampoco.
Debemos, en mi opinión, considerar una obra de creación por sí misma, por lo que representa, por lo que aporta a la sociedad y al espectador o lector, por lo que consigue transmitir y por su factura y eso se puede aislar claramente de quién fue el creador sin restarle un ápice de importancia a la magnificencia de la obra si la tiene.
Así pues, esta decisión de TVE1 me parece que se puede calificar de censura, dura y clara. Una película que recibió bastantes premios en su momento, alabada por la crítica especializada y sin duda que gustó a cientos de miles de personas se elimina de la parrilla por las denuncias a su director… No es aceptable, creo yo. Igual que fue inaceptable que Netflix quisiese quitar de su catálogo películas como Lo que el viento se llevó por el ataque que se hace a los negros, o que a un grupo editorial se le ocurra la aberrante idea de cambiar un título de novela como Diez negritos…vamos mal, mal camino para las futuras generaciones.
